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Alentamos esperanza. Se autorizó la continuidad de los contratos de mantenimiento de carreteras por seis meses más para que se corrijan errores. Confiamos en que ahora se hagan las cosas bien

Confiamos en que se rectifique

Se espera un cambio en la forma de liderar y administrar en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT), después de que los costarricenses sufrieran las diferentes consecuencias por la falta de eficiencia en esa importante entidad, a cargo de Karla González durante la administración Arias.
Es lógico que así sea. Son muchos los millones de dólares que la ciudadanía paga en impuestos cada año por derechos de circulación de sus vehículos. Se supone que ese dinero sea utilizado para mantener en buenas condiciones toda la infraestructura que necesita la población para circular, producir y vivir en general.
Sin embargo, se sabe que venimos de cuatro años perdidos en lo que a puentes se refiere. En materia de infraestructura recordamos los desastrosos retrasos de las obras por concesión como el Aeropuerto Juan Santamaría o la carretera a Caldera, para citar solo dos ejemplos de las fallas del MOPT. Pero en cuanto a puentes, que llevan 60 años de abandono, la pasada administración los legó en estado agónico.
Parece que el jerarca del Conavi en esos años no consideró esto prioritario. Ni la voz de los técnicos ni la de un medio de comunicación como LA REPUBLICA fueron escuchadas cuando advertían sobre la gravedad del estado de nuestros puentes. Hasta que la triste realidad mostró hasta qué punto de deterioro se habían dejado llegar las cosas cuando un autobús cayó al Río Grande de Tárcoles porque la infraestructura colapsó, murieron seis personas y otras 32 quedaron heridas.
Las actuales autoridades de esa institución aún enfrentan los desaciertos cometidos. Ahora vemos que por errores del Conavi la Contraloría General de la República tuvo que dar marcha atrás a los procesos, ya de por sí lentísimos, para las nuevas contrataciones destinadas al arreglo de las carreteras. Desde luego, como ocurre siempre, son los costarricenses los que sufren las consecuencias.
Aunque sea tediosa la tarea, aunque preferiríamos dar buenas noticias, es nuestra obligación señalar estos errores y graves fallas porque acaba de comenzar un nuevo gobierno y debería renovarse la esperanza de que en algún momento las cosas empiecen a hacerse bien. Que no deba la Contraloría, cuya misión primordial es cuidar que se les dé buen uso a los dineros públicos, tener que seguir señalando errores.
Alentamos esperanza. Se autorizó la continuidad de los contratos de mantenimiento de carreteras por seis meses más para que se corrijan errores. Confiamos en que ahora se hagan las cosas bien.
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