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Costa Rica no debe poner en juego el prestigio que ha logrado tener en el mundo con sus más de cien años de democracia. Y no puede haber democracia sin libertad de prensa


Con mordazas no hay democracia

Son muchos los costarricenses que están viendo con asombro y no poca preocupación la noticia de que la Ley de Delitos Informáticos (expediente 17613), que ha pasado a ser nombrada ya popularmente con el elocuente nombre de “ley mordaza”, se haya publicado en el órgano oficial La Gaceta, pasando así a ser ley de la República.
Las serias preocupaciones que algunos artículos de dicha ley suscitan en los medios de comunicación del país, en el Colegio de Periodistas y en los comunicadores en general, por la posible interferencia al ejercicio de la profesión, ameritan no solo una actitud alerta y vigilante sobre el asunto, sino un estudio profundo del texto de esa ley y las acciones que correspondan.
Pero también el resto de la ciudadanía siente en peligro su derecho a ser informada o a indagar directamente sobre cualquier sospecha bien fundamentada de irregularidad que pudiera afectar el bien común o incluso el de alguien o algunos en particular.
Son diversos los factores que rodean este caso. Por un lado, el país necesita mucho de la labor periodística que, en no pocos casos, es la única que se ha encargado de investigar y dar a conocer aspectos de la administración que causan serio daño al bien público, en vista de la grave carencia de adecuado control en muchas instituciones públicas. ¿Hay alguien interesado en que esto no pueda continuarse?
De no ser así, ¿por qué algunos diputados aprobaron una ley que aparentemente puede poner en peligro este libre ejercicio de la profesión de los comunicadores y de los medios mismos?
Si eso ocurrió en el Parlamento, ¿por qué recibió luego el refrendo del Ejecutivo? En esta instancia, al igual que en la primera existe la asesoría legal para detectar cualquier posible peligro de este tipo y, de no mediar intenciones impropias, debió solucionarse ahí el problema en vez de continuar con su tramitación a fin de que se constituyera en ley de la República.
Costa Rica no debe poner en juego ni un ápice del buen prestigio que ha logrado tener en el mundo con sus muchos más de cien años de democracia. Pero no puede haber democracia alguna sin libertad de prensa.
Es esta justamente uno de los mejores atributos con los que contamos y que no debemos, desde luego, perder.
El tema de los puntos en disputa de la Ley de Delitos Informáticos será ocupación permanente desde este momento hasta que se logren las modificaciones que fueren necesarias para garantizar la libertad de la prensa en el país.
 

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