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La Británica despide una época

La tradicional enciclopedia dejará de editarse en papel y buscará un modelo cercano a Wikipedia

Y en algún momento tenía que ocurrir. Tras años de refugiarse en la calidad y precisión de sus contenidos frente a la siempre dudosa información de Internet, la antigua Enciclopedia Británica finalmente dijo basta.
La semana pasada, la empresa que edita la enciclopedia anunció que, tras 244 años de historia (el primer ejemplar fue impreso en Edimburgo, capital de Escocia, en 1768) la próxima edición saldrá solamente en versión digital.
Pocos acontecimientos marcan tanto un cambio de época como esta noticia. No se trata solo de una cuestión tecnológica, también es un dato de la enorme revolución digital.
El conocimiento ahora lo construye principalmente la sociedad en forma colectiva, y colaborativa. Cada vez menos gente confía en unas pocas personas (intelectuales, políticos o expertos) que puedan atribuirse la posesión completa de la sabiduría. Y esta era precisamente la ilusión que ofrecía la Enciclopedia Británica.
Pero a principios de 2001 llegó Wikipedia. Y tuvo la enorme virtud de sintonizar el cambio de época, al ofrecer una plataforma tecnológica gratuita en la Web, llamada “wiki”, destinada a que cualquiera pudiese editar el contenido de forma colectiva.
La apuesta de la Británica es para adelante. La decisión de abandonar el papel, dicen, debe leerse como el comienzo de una nueva historia y no como el fin de la anterior. Como si fuera una moderna “start up” de Silicon Valley, la empresa editora de la tradicional enciclopedia armó un nuevo “modelo de negocios” en la Web.
A partir de ahora, quien quiera podrá acceder a todo el contenido de la enciclopedia gratis por una semana. Después, tendrá que pagar $69,95 al año (bastante menos que los $1.395 que cuesta la última edición en papel).
Pero hay más. El contenido será actualizado cada dos semanas. Además, a tono con los tiempos de colaboración, ofrecerán un listado de referencias para seguir los temas en la Web. Un listado que, dicen, será fiscalizado por ellos, lo que garantiza la calidad.
Lo que resta por verse es si, con toda el agua que ya pasó bajo el puente, la gente valora esta segunda cualidad.

Por Ricardo Braginski
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