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Tóxicas preocupaciones

Hablar con un amigo y desahogarse puede ser una simple herramienta para que evite llegar a ese nivel

Día a día en el trabajo o en el hogar surgen preocupaciones, algo normal, sin embargo estas se pueden convertir en algo tóxico si no se saben manejar bien.
El problema nace precisamente cuando no se da importancia a esas preocupaciones y, como un mal silencioso, comienza a atacar.
“Preocuparse es una respuesta normal ante las situaciones de la vida, que puede ser útil en tanto nos impulse a tomar el control de las cosas y a vencer los propios temores. Pero para muchos es sinónimo de estrés, de manera que si están preocupados, están estresados”, comentó la psicóloga Shirley Garita.
Es en los lugares de trabajo donde las personas podrían presentar este sentimiento de manera excesiva, algo que puede conllevar, según la especialista, a un desgaste emocional muy alto.
Quienes suelen verse afectados son aquellos que siempre están tratando de anticiparse a lo que va a ocurrir, por lo que desarrollan situaciones hipotéticas y en su mayoría negativas.
“Sus pensamientos y frases frecuentes son de tipo angustiosas, por ejemplo ‘qué pasaría si…’; esto les mantiene en un constante estado de alerta, tensión, nerviosismo e incluso irritabilidad, afectando su estado anímico”, indico Garita.
Como consecuencia, estima que estas personas creen que pre-ocuparse, es decir, ocuparse de las cosas antes de que estas ocurran, es su mejor arma contra el estrés y esto les genera una falsa idea de control.
Pero, pasa todo lo contrario y de forma inconsciente están aumentando sus niveles de ansiedad así como el llamado distrés o estrés negativo, que incluso se ha asociado con el riesgo de padecer enfermedades físicas.
“El mayor problema, es que no solo ellos pierden su propia tranquilidad, sino que logran desplazar esas emociones negativas a sus compañeros, creando ambientes de trabajo poco saludables”, agregó Garita.
Además considera que hay personas que son más vulnerables a las situaciones de estrés que otras, tanto en su aspecto biológico como psicológico, y es probable que desarrollen síntomas a partir de la preocupación excesiva o tóxica, entre los que menciona el agotamiento físico, trastornos del sueño y patrones de alimentación, conflictos personales, sentimientos de incapacidad y frustración, dificultada para concentrarse, entre otros.
Según el sitio gestipolis.com la diferencia entre la preocupación “buena” y la tóxica es que la primera conduce a un planeamiento constructivo y una acción correctiva; es esencial para tener éxito en cualquier esfuerzo.
Mientras que la segunda es la ansiedad que no tiene bases en la realidad, inmoviliza al que la sufre y lo lleva a la acción destructiva.

Melissa González
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