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Viernes 27 Noviembre, 2015

“Pero no solo la Tierra está pariendo debido a la exfoliación practicada por sus hijos, sino los hijos mismos”

Clima: filosofía y ética

De todas las especies del reino animal, la “homo sapiens” es la única que destruye su medio ambiente aniquilándose a sí misma.
La Conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático 2015, en París, debe ser una respuesta concreta y radical a los desafíos que representa la supervivencia humana y una clara unión de criterios sobre las causas del cambio climático mundial.


Los “climaescépticos” responsabilizan dicho cambio a causas naturales, considerándolo parte de un ciclo normal en el tiempo. Por ejemplo, algunos de ellos explican el fenómeno de acuerdo con la fluctuación de la actividad solar, negando que el efecto invernadero, provocado por la emisión de gases industriales, sea responsable de las catástrofes meteorológicas. Basan sus hipótesis en estudios científicos.
Y… ¿quién financia estos estudios? El estado de Nueva York acaba de iniciar una pesquisa para aclarar si la compañía petrolera “ExxonMobile” es responsable de pagar anónimamente las investigaciones. La empresa ha negado toda relación.
En países como los EE.UU., el debate se ha politizado. Según el “PewResearch Center”, el 80% de encuestados estadounidenses (en 2014) se declaró “demócrata” y acusan a la actividad humana del cambio climático; mientras un 10% dijo ser “republicano”, negando cualquier incidencia del factor humano en los cambios del clima.
Esta politización respondería en parte a la influencia, en la opinión pública, de las cadenas noticiosas estadounidenses: en mi criterio, CNN admite la actividad humana como responsable, mientras la cadena “Fox News” se inclina francamente hacia el lado de los “climaescépticos”.
Los dos extremos son ilustrados por filósofos modernos: Hegel y Marx. El primero establece el “logos”, discurso que da razón a las cosas, “ideas” que transforman a la humanidad hacia la armonía (“Fenomelogía del Espíritu”, 1804); el segundo, Marx, considera al trabajo, los medios y modo de producción (tecnología) como responsables de cambiar al mundo (“Manuscritos económico filosóficos”, 1844).
Así, Marx antepone el trabajo al espíritu, responsabilizándolo como el motor evolutivo de nuestra sociedad.
Por primera vez en la historia, el Papa escribe una encíclica sobre medio ambiente. “Alabado seas mi Señor” del Papa Francisco es un severo llamado de atención por la irresponsabilidad con la que hemos utilizado los recursos naturales. Compara a la Tierra con una “hermana” que nos “sustenta, gobierna…”. “...gime y sufre dolores de parto”, dice el Papa citando el libro de Romanos.
Pero no solo la Tierra está pariendo debido a la exfoliación practicada por sus hijos, sino los hijos mismos.
Romanos, 8, 23 dice: “... no solo ella, sino que también nosotros... que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos”.
¿Lo hace esta cita pensar en Hegel y su “espíritu”, “estado de armonía”? La Conferencia de París 2015 debe redirigir tanto el “espíritu” como el “trabajo” y sus nuevas tecnologías en una armonía total con el planeta, sin importar ideología política; de lo contrario, firmaremos nuestra condena de muerte.

Ricardo Sossa Ortiz
Periodista, sociólogo, politólogo