Enviar
Jueves 8 Agosto, 2013

A Costa Rica le urge obstaculizar el cinismo político, refrescar las alternativas electorales y replantear la estrategia país para frenar los vicios políticos que nos tienen tan hastiados a la mayoría


Cinismo político

No es solo asunto de nuestro país. Qué diferentes serían las cosas si las autoridades políticas de los pueblos no fueran tan cínicas respecto a las facturas que nos pasan a los ciudadanos.
Desde partidos políticos de países como el nuestro, hasta la más lucrativa “empresa” representada por el Vaticano, no escatiman en lucrar con la billetera del pueblo.
Mientras algunos padres y madres en nuestro país velan por sus familias con “¢50 mil mensuales” o incluso viven de caridades por falta de empleo de ambos progenitores, en este mismo territorio unos pocos partidos políticos planean gastarse más de ¢43 mil millones como aporte que el código electoral establece que el Estado tendría que hacer a la campaña política de 2014.
No dudo que ustedes, estimables lectores, coincidirán conmigo en que es un escenario deprimente, lamentable, aberrante y de sobra cínico.
No entiendo cómo, analizando la perspectiva racional del punto de vista que les comparto, es tan simple reducir el presupuesto anual de los ministerios, pero tan complicado reducir el presupuesto de una campaña política... por si fuera poco, este foro no sería suficiente para ahondar en el tema si pusiéramos la corrupción política como una carta adicional sobre esta mesa.
No es excusa soportar estas situaciones solo porque en muchos otros países también se viven situaciones similares. En una realidad inmediata, nos importa lo que nos afecta a cada uno de nosotros. Después de eso nos preocuparemos por la realidad nacional de países vecinos o más lejanos.
El pueblo costarricense está cansado del cinismo político de nuestro país. Estamos cansados de falsos cursos y capacitaciones, de viajes de lujo que se archivan, de juicios políticos postergados, de inmunidades mal-merecidas, de proyectos de interés público millonarios: arreglados y asignados a dedo, de jugadas tan predecibles como los puestos públicos a los que jamás tendrá acceso el ciudadano promedio porque ya un político de falsa sonrisa y aires de “todo lo puedo con el dinero” decidió que ese puesto se destinará a su hijita.
El cinismo político es un ejemplo claro de discriminación selectiva y negocio que rinde dividendos a pocos pero usa el dinero de todos.
En los próximos cuatro años confío aparezcan muchos ticos buenos queriendo barrer la suciedad y hacerle el bien a la sociedad costarricense. No está mal querer algo de fama, al fin y al cabo muchas niñas sueñan con ser reinas de belleza y presidentas y muchos niños con ser actores y doctores; lo que sí es inadmisible es velar por intereses de unos pocos, sin importar que “el resto” cada día se empobrezca más.
A Costa Rica le urge obstaculizar el cinismo político, refrescar las alternativas electorales y replantear la estrategia país para frenar los vicios políticos que nos tienen tan hastiados a la mayoría de costarricenses.

Alejandra Esquivel

Gerente general GEFISA
[email protected]