Alberto Cañas

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Martes 17 Agosto, 2010

CHISPORROTEOS

Este país de mis pecados, todavía llamado Costa Rica aunque no sé si se podrá seguir llamando así por mucho tiempo (el nombre Rich Coast parece tener partidarios bien ubicados), tiene un derecho muy grande a ser incluido en el Libro Guinness de Records Mundiales.
Y es que el nuestro es un país en los organismos de cuyo Estado (a excepción de la Corte Suprema de Justicia) no funcionan, como en el resto del mundo, en edificios diseñados expresamente para ellos, sino en edificaciones construidas por particulares con propósitos propios de la actividad privada, y que el Estado costarricense adquiere, por pura pereza de construir y porque dejó que su Ministerio de Obras Públicas se herrumbrara. Así, la Presidencia de la República despacha en un edificio de oficinas construido por una empresa mexicana para sí misma y que al abandonar el país se lo regaló al Estado, el ICE, que tenía prevista la construcción de un edificio adicional contiguo al que ya tiene, adquiere, por pura pereza de construir, un edificio privado que, según se ha dicho, está lleno de defectos; y ahora se anuncia que el Poder Legislativo se propone adquirir, para instalarse, un edificio de oficinas a medio construir, teniendo como tiene terreno propio para construir un Capitolio digno de una república.
Aparte de que tenemos dos ministerios: el de Trabajo y el de Economía, instalados fuera de la capital (cosa que también interesará a Guinness). Ustedes comprenden que el caso de Costa Rica es el de un Estado ordenado, debidamente organizado e inteligentemente gobernado.
El problema del Legislativo es el más fácil de resolver. El dinero que dicen facilitará el Banco Centroamericano para adquirir un feo mamotreto de oficinas, puede dedicarse a construir un buen capitolio en la manzana del Sion, previo concurso entre los arquitectos nacionales. Y en lo que inauguró el ex presidente Arias con todo y placa, como Casa Presidencial, construir un buen edificio adicional de oficinas para la Asamblea, si es que terminado el Capitolio hace falta. Quedará así libre la manzana al este del Parque Nacional, reservada para la residencia y despachos del Presidente de la República. Mientras tanto, pueden irse haciendo las reparaciones (que aparentemente no se define en qué consisten) que hay que hacerle al edificio actual de la Asamblea (que bien podría ser despacho de la presidencia con el Castillo Azul como Casa Presidencial). Todo es cuestión de no dejarse ir por la primera impresión. Y también de consultar con urbanistas y otras personas entendidas en vez de hacerles caso a inspiraciones repentinas del Presidente de la Asamblea, ni a lo que parecen ser berrinches del Ministerio de Salud.

Alberto F. Cañas
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