Alberto Cañas

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Miércoles 11 Agosto, 2010


Chisporroteos


Ese gran periodista que falleció el lunes: Guillermo Villegas Hoffmeister fue, en el fondo, un sobreviviente de aquel tipo de periodistas que engrandeció nuestra prensa y le dio carácter muy nacional a partir de 1919. El periodista que sale a buscar la noticia, que no se atiene a comunicados oficiales y que adivina y esculca hasta encontrar lo que anda buscando, (muchas veces apenas impulsado por sospechas). Ese grupo juvenil que en La Nación esculcó el caso Fischel y el caso Rodríguez es un ejemplo y es hora de que se le haga un reconocimiento.
Ese afán de buscar la noticia, de presenciarla si se puede, de contar la historia, le llevó con frecuencia a ser redactor de sucesos, que es una manera apasionante de ejercer la profesión.
Sin embargo, detrás del periodista que se complacía en sucesos, estaba el intelectual interesado en su Patria, y en la historia de su Patria. Así, fue evolucionando hacia el periodista investigador histórico. Como tuve la suerte de compartir con él en Excelsior, de 1974 a 1978, lo estimulé (aunque él no lo necesitaba), en la formidable investigación que allí emprendió sobre la Guerra Civil del 48, entrevistando a cuanto tico encontró que hubiese participado, presenciado o algo supiera, desde cualquier bando. Colección de testimonios que luego se convirtió en un libro de gran calidad periodística.
Tenía ya algunos intentos históricos en torno a figuras y hechos de Alajuela (ciudad que era su patria chica y su patria grande), cuando emprendió la composición de su libro más famoso, el que le valió un merecidísimo Premio Aquileo Echeverría de Historia: La Guerra de Figueres, la obra más completa que se ha escrito sobre el tremendo acontecimiento del 48, premio que provocó la protesta de ciertos historiadores que sostienen que quien no siga (previo grado universitario) las enseñanzas que se imparten en determinada universidad francesa, no tienen derecho a llamarse historiadores ni (¡horror de horrores!) a escribir libros de tema histórico. (Son los mismos que consiguieron que la obra definitiva sobre el 56 y sobre Mora, la de Armando Vargas Araya, no fuera galardonada con el premio nacional el año en que se cumplieron 150 de la rendición de Walker, y que ese premio lo recibiera un libro (puede que muy valioso, uno qué sabe) sobre la prostitución en San José en el siglo XIX.
El libro de Villegas sobre el 48 es indiscutible y la verdad es que, existiendo todavía muchos sobrevivientes, nadie lo ha acusado de inexacto ni de falso. Solamente de no ser historiográfico.
En un momento dado hace tres años y pico, Dios nos iluminó a Alvaro Fernández y a mí, cuando preparábamos el programa radial Así es la Cosa, y lo invitamos a que fuera parte de él. Alvaro apenas lo conocía personalmente pero sabía de su capacidad y personalidad. Y hoy puedo decir con absoluta certeza, que buena parte, enorme parte del éxito que ese programa ha tenido, lo debe a la personalidad de Villegas, a su sentido de oportunidad, a su humor alajuelense, a su repertorio inagotable de anécdotas. Y hoy el programa está triste y huérfano.
Entre los proyectos que tenía había uno que le entusiasmaba: la biografía de uno de los gobernantes más injustamente olvidados del siglo XIX: el magnífico alajuelense José María Alfaro, el hombre que logró que el país superara el trauma de la dictadura de Carrillo y la invasión y fusilamiento de Morazán.
Va a hacernos mucha falta. A sus compañeros, a sus colegas y a los costarricenses de buena voluntad e inquietudes intelectuales. Deja una obra sólida e indispensable. Y dos compañeros (sé que hablo en nombre de Alvaro Fernández), que lo echarán de menos mientras vivan.

Alberto F. Cañas
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