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Martes, 13 de noviembre de 2018



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CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Sábado 20 marzo, 2010



CHISPORROTEOS


Como la verdad hay que decirla monda y lironda, debo consignar aquí que me parece vergonzoso no sólo que los dueños de cantina pidan que se rebajen las penas a los choferes borrachos, sino también que en la Asamblea Legislativa haya quien se conmueva porque el chofer borracho no va a tener plata para pagar la multa. En cualquier país civilizado (que los hay aunque aquí muchos lo ignoren) la gente creería que esto es una broma o una pasada por inocente de la prensa.

Si se decide castigar un crimen que carece de toda clase de atenuantes, como ése que yo llamaría “asesinato automotor”, pues a castigarlo. Imagínense ustedes lo que pasaría si alguien propusiese que se disminuya la pena del ladrón que se mete a robar en una casa, o del salvaje que viola a una mujer, si resulta que no son gente adinerada. Pero ya se sabe que en Costa Rica lo inaudito es cosa de todos los días, sobre todo desde que la gradería de sol (que es un concepto cultural, no económico), se apoderó de los cargos públicos, de las curules y de la conducción política del país.

Pero cualquiera podría pensar, en este país gulliveresco, que lo que hemos decidido es más bien premiar a quienes manejen en estado de ebriedad. A lo mejor el haberlo hecho podría eventualmente convertirse en un inciso 5 para el artículo 142 de la Constitución Política.

Hace tiempo vienen algunas personas que saben lo que dicen, sosteniendo que una de las cosas que están pervirtiendo a Costa Rica es la filosofía del “pobrecito”. Lo grave ahora es que, en el tema a que me refiero, el pobrecito ha dejado de ser la víctima, y ahora el pobrecito es el ofensor. “Pobrecito: Mató a alguien manejando borracho, y no tiene como pagar la indemnización”. O bien: “Pobrecitos los dueños de cantina... ahora van a tener menos ebrios, o algunos de sus clientes van a reducir su consumo… ¡Pobreciticos! Rebajémosles la patente”.

¿Para qué seguir? El teclado en que escribo está con escalofríos ante las cosas de que se está enterando.

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