Alberto Cañas

Enviar
Sábado 24 Octubre, 2009


CHISPORROTEOS

Esa espantosa tragedia del jueves no debe ponernos a reflexionar sobre el futuro, sino más bien sobre el pasado: la Costa Rica que fuimos a pesar de la Anfe y sus semejantes. A pesar de los esfuerzos de la titular actual por detener la caída, lo que ha pasado es consecuencia ineludible del asesinato progresivo del Ministerio de Obras Públicas y de la República solidaria en que nuestros gobiernos vienen empeñados hace más de veinte años.

Nos han llevado progresivamente hacia la desaparición del Ministerio y su sustitución por un organismo inocuo que simplemente concede concesiones a las empresas que esperan enriquecerse construyendo las obras públicas que el gobierno de Costa Rica siempre construyó directamente, para lo cual incluso buscan financiación en nuestros bancos nacionales que mejor estuvieran fomentando la pequeña empresa nacional. Un país que hace cien años construyó solito el Ferrocarril al Pacífico, ahora es incapaz de colocar en su lugar un puente nuevo que tenía embodegado.

Yo creo que la maldita ley de concesiones es una de las cosas peores que le han sucedido a este país, porque la verdad es que es una verdadera invitación de lujo a la corrupción. No exactamente de los jerarcas (pasémoslos por alto hoy), sino de otros funcionarios en general. Y una invitación también a la ineficiencia. Yo no creo que este país haya contemplado jamás una ineficiencia mayor que la de Alterra, que lleva no sé cuántos años reconstruyendo un aeropuerto que los gobiernos de Ulate y Figueres construyeron en poco más de cuatro, y el de Carazo reconstruyó en cosa de meses.

Lo cierto es que se sabía que el puente estaba malo. Existía un puente listo para sustituirlo. No lo sustituyeron. Ahora es tarde. La indecisión trajo muchos muertos, mucho dolor, una verdadera tragedia nacional.

Cuando recuerdo la cantidad de carreteras que por todo el país se construyeron durante el segundo gobierno de don Cleto, el tercero de don Ricardo, el de don León Cortés y el del doctor Calderón Guardia, me aflijo de que a un Ministerio que se dio el lujo de construir solito los 116 kilómetros del Ferrocarril al Pacífico le hayan cortado sus agallas. Y más tarde contempla uno la obra de las administraciones de Otilio Ulate (ya cité el Aeropuerto), Figueres (las autopistas General Cañas y Bernardo Soto), Echandi (alojamiento para 225 colegios de secundaria), Trejos (carretera a Limón), Oduber (carretera Braulio Carrillo), Carazo (circunvalación planeada en el gobierno d Echandi) se queda uno pasmado, no ante lo que hicieron los de antes, sino ante lo que han dejado de hacer los que vinieron después.

Y luego, la maldita ley de concesiones. Consigna neo-liberal: no construya nada el gobierno que una empresa privada ojalá extranjera pueda construir. Y se acabó el Ministerio de Obras Públicas.

Ojalá la Asamblea Legislativa tuviera las agallas patrióticas para, con dispensa de todos los trámites, derogar en 48 horas esa ley perniciosa, para que el Gobierno de Costa Rica comience a volver a ser el Gobierno de Costa Rica: decidido, progresista, al servicio de las mayorías y no exclusivamente de los inversionistas extranjeros.

[email protected]