Alberto Cañas

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Domingo 23 Agosto, 2009


CHISPORROTEOS


En vista de que esta columna ha adquirido reputación universal (que es mayor que la reputación mundial), como la que mejores consejos da a los gobiernos de Costa Rica para que gobiernen en vez de hacer creer que gobiernan, decide hoy traspasar las fronteras y dar un consejillo más allá de ellas.

Ustedes se habrán dado cuenta de que entre los gobiernos de Colombia y Venezuela (los cito en orden alfabético como es de rigor), se ha establecido un curioso juego de Cuartel Inglés. Cada cierto tiempo rompen relaciones diplomáticas, retiran a sus embajadores, y la semana que uno de ellos no rompe relaciones con el otro, es porque en esa semana toca restablecerlas y en eso están hace rato.

Las víctimas de todo esto, y de la incomodidad que representa, son los pobres embajadores que tienen que estar abandonando su embajada continuamente para trasladarse a su tierra con todos sus chécheres, y abandonar su Patria la semana siguiente para regresar a la embajada con todo y chécheres, y en eso están hace rato.

Pues bien, el consejo que esta columna da muy respetuosa y desinteresadamente a los gobiernos de Chávez y Uribe (los cito en orden alfabético como procede), es que cada uno de ellos construya la sede de su embajada, no en la capital del otro país, sino en algún punto fronterizo. Pero eso sí, con la línea de la frontera en mitad del edificio (previa autorización del otro gobierno como es natural), de manera que cada una de las embajadas quede mitad en Colombia y mitad en Venezuela. Así, cada vez que rompan relaciones o retiren embajadores, el embajador simplemente se pasa de un salón a otro para quedar en su propio país; y cuando las relaciones se reanudan, vuelve al otro lado, y así sucesivamente.

Habría que ver lo que los gobiernos de los dos países se economizarían en pasajes, transportes y demás (y el de Colombia en gasolina, que al de Venezuela le sale gratis). Y en esa forma, lo que hasta ahora ha sido un juego de Cuartel Inglés, puede transformarse en un juego de Ambo Ambo Matarilerilerón, que es menos violento y más descansado.

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