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CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 17 junio, 2009



CHISPORROTEOS


Pasadas ya las convenciones (porque no creo que el PUSC vaya a celebrar una), pareciera que es hora de que lo que viene se normalice. Las convenciones, según algunos las miran aquí, son más que todo un acto de propaganda electoral, y no, como en el resto del mundo civilizado, una decisión interna de cada partido, en la cual los adherentes a ese partido escogen el candidato que más les satisface (a ellos, no a los de la acera de enfrente).

Me siento muy ufano de que la Asamblea Nacional de mi partido haya aceptado mi proposición de hacer una convención en la que sólo pudieran participar los adherentes, sin riesgo de infiltraciones. Fue un acto serio el del PAC, en el que no se derrochó dinero en vallas, en propaganda televisible ni en transportar gente, en el cual votó la gente que tenía derecho y deseos de hacerlo, sin que nadie la llevara. Una cosa, pues, tranquila y normal.

Pero ahora sigue la campaña electoral propiamente dicha, que es lo que verdaderamente importa. Y en lo que a este servidor de ustedes respecta, lo más importante de lo que sigue es conseguir que la oposición no se divida (o no la dividan, que de todo hay), en la elección presidencial. Tengo muy presente el caso de 1947. Muerto León Cortés, el Partido Demócrata, carente de líder visible, no pudo reclamar un apoyo de todos para él como en 1944. Se organizó entonces una convención (que por cierto salió muy cara según se dijo), en la cual se participaba con sólo reunir ciertos requisitos previos y militar en la oposición, dando a cada uno de los tres partidos que participaron una módica representación, puesto que dos de ellos nunca habían participado en una elección y nadie había podido contarlos.

Tengo muy claro que los círculos oligárquicos y plutocráticos de ese entonces no tenían la mejor opinión sobre el candidato triunfador, don Otilio Ulate: lo consideraban frívolo e irresponsable, además de ideológicamente sospechoso. Dado el apoyo que dio a la República española durante la guerra civil de ese país, y su anti-fascismo “prematuro”, o sea anterior a 1939, y más bien se habían inclinado por propiciar al señor Castro Cervantes, candidato del cortesismo pero totalmente desconocido en política.

Sin embargo le reconocían a Ulate su gran habilidad, su magnífica oratoria, y se dieron cuenta de que, escogido por la mayoría, era una carta de triunfo para la oposición. Y después de febrero del 47 no hubo hendijas, aristas ni resquebrajamientos en la oposición. Ciertas discusiones, ciertas definiciones fue mejor dejarlas para después, aunque cualquier ciudadano estaba en capacidad de enumerar los defectos que le encontraba a don Otilio Ulate, pero todos prefirieron dejarlo para después. Ustedes saben que así ocurrió. Se me acaba el espacio. Continuaré el próximo sábado.

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