Alberto Cañas

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Miércoles 27 Mayo, 2009


CHISPORROTEOS


Una de las ocurrencias más insólitas y disparatadas de que haya memoria, ha sido la actitud de un grupo de señoras, por otra parte muy estimables, que están indignadas porque el premio Aquileo Echeverría de novela correspondiente al 2008 se le otorgó a La Rebelión de las Avispas, de Carlos Morales que a ellas no les gusta.

Y no les gusta porque en ella el autor narra algo que él afirma que le sucedió y da su versión sobre los hechos. Es decir: que lo que a las señoras no les gusta es el contenido de la novela, sin referencia a su calidad literaria, que es lo que buscan los premios.

Eso de juzgar las obras artísticas y literarias por su contenido y no por su forma, es una tesis marxista, hoy bastante desprestigiada, sobre todo después de que la Unión Soviética trató de ocultar la notable novela El Doctor Zhivago de Boris Pasternak cuya visión de la historia rusa del siglo XX no coincidía con la oficial.

Nuestros premios literarios y artísticos son para las obras de mayor calidad literaria o artística a juicio de jurados que se presumen entendidos en la materia. No para las que sostengan o combatan determinadas tesis o actitudes. Pedirle al Ministerio de Cultura que revoque fallos es meter la política en los premios. Salvo que el Ministro encuentre que un fallo o un jurado viola la ley. Por ejemplo: el que declaró desierto el premio de Teatro del año en que se estrenó La Víspera del Sábado, dado que el jurado admitió que no había asistido a las representaciones de esa obra. O la vez que premiaron como novela un libro de cuentos. Y viceversa la vez que el premio de cuento lo hicieron recaer en una novela. Pero nada que tenga que ver con el contenido.

Si la novela de Carlos Morales tiene defectos literarios, está escrita en mala prosa castellana por ejemplo, que se critique entonces el fallo. Pero llegar a los extremos que se ha llegado simplemente porque a ciertas respetables personas no les agradó la tesis que sostiene, o la forma en que lo trata, o las razones que da, es decir, cuestiones extra-literarias, es un precedente peligroso. Tanto, que sería preferible derogar la ley de premios.

Desde hace como 30 años, el llamado “Moderno Teatro de Muñecos” fundado por aquel notable artista que fue el argentino Enrique Acuña, ocupa, por decisión del Ministerio de Cultura, ciertos aposentos en lo que hoy es el Museo Calderón Guardia. Ahora le piden que desaloje, sin dar otra razón que la que ahora se acostumbra en Costa Rica: que hay una ley que autoriza a pedir el desalojo. El Moderno Teatro de Muñecos es una nueva víctima del “aquidice”, que es la única razón que ciertas autoridades carentes de razones dan para explicar decisiones torpes, perjudiciales, o dañinas… pero legales. Es decir: la ley como un fin en sí mismo y no como un medio de alcanzar finalidades justas. Aquí llevamos ya décadas de que la aplicación de la ley se ha hecho puramente literal y sin ningún contacto con la búsqueda de justicia. Esto viene desde que se le dio la espalda como fuente de interpretación y de aplicación, al derecho francés, napoleónico que nos alimentó desde los tiempos de Carrillo, para adoptar el derecho italiano, todavía algo contaminado (como el español) por el fascismo que allí reinó. Recordemos que el totalitarismo es muy legalista: Hitler no violó ninguna ley alemana con sus crímenes. Previamente conseguía una ley que se los autorizaba. Y lo mismo Stalin, que enarboló, para matar a millones de rusos, lo que sus obedientes de aquí proclamaban como “legalidad socialista”.

Me alegra mucho la noticia de que la Compañía Lírica se propone ofecernos la simpatiquísima ópera cómica de Mozart Cosi fan Tutte (título traducible como Así son Todas o Así hacen Todas). Ojalá que esta noticia venga completada por la de que el montaje de la preciosa joya no estará a cargo del señor Poda, especialista en destruir obras clásicas. Algo más: desde aquí sugiero humildemente que le cancelen la visa de entrada a Costa Rica, para que los aficionados a la música y al buen teatro podamos dormir tranquilos.

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