Alberto Cañas

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Sábado 9 Mayo, 2009


Chisporroteos


En estos días estamos presenciando una curiosa discusión entre las estaciones radioemisoras y los fabricantes de discos, que pretenden hacer extensivo a ellos lo que históricamente se han llamado derechos de autor.

Los derechos de autor son la remuneración que el autor de una obra literaria, científica, filosófica, artística o musical recibe en forma de un porcentaje sobre el precio de su libro, su pieza musical o las localidades de su otra teatral. Rigen durante la vida del autor, y los disfrutan sus herederos durante 50 años a partir de su muerte (aunque entiendo que esos 50 se han extendido últimamente a 75).

Cuando usted compra un libro el diez por ciento del precio que paga (puede ser más en casos de autores muy reputados) le corresponde a la persona que lo escribió. Así mismo, según entiendo, cuando compro un disco, ese porcentaje del precio le corresponde al autor de la pieza musical que el disco contiene. Creo que esto es muy claro.

Pero si usted revende el libro en una librería de viejo, o (como hay establecimientos que lo hacen en muchos países), lo alquilo, el autor no recibe nuevos derechos ni los cobra, pues se trata de un objeto del que usted es dueño. Y mucho menos pretende recibirlos, la editorial que lo publicó.

Lo que ahora se pretende es precisamente lo que acabo de decir, pero en materia de discos: que si usted emplea el disco que compró, en operación que causó derechos de autor cuando están vigentes, y lo explota comercialmente, así sea amenizando su establecimiento comercial, (no han dicho si esto incluye que se lo venda a un amigo), por esa razón debe abonarle una suma, no al compositor de la pieza, sino a la fábrica de discos.

Tomemos esto en cuenta: como dije antes el derecho de autor, o sea, el pago al creador, se extingue pasado cierto número de años después de su muerte. Pero ni las editoriales ni las disqueras fallecen, por lo tanto, el derecho que éstas pretenden, probablemente las inducirá a cobrar hasta por discos con música de Juan Sebastián Bach.

El compositor muerto hace más de 50 años (pongamos por ejemplo a Gardel) ya no cobra, ni sus herederos. Pero la fábrica de discos sí. Es decir (trasladando el asunto de la música a la literatura) algo así como si las editoriales pretendieran cobrar derecho de autor si usted revende un Quijote (sobre el cual no pagan esos derechos).

Recuerdo un pareado de mi infancia (los llamaban, no sé porqué, aleluyas, pero ya nadie se acuerda de eso), que decía así:
El mundo al revés verás
Y así te divertirás

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