Alberto Cañas

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Miércoles 25 Enero, 2012


CHISPORROTEOS

La adjudicación del Premio Magón de este año, a pesar de que de alguna manera han tenido que estirar la definición que da la ley, ha sido recibida con satisfacción por el público culto, y esto debe ponernos a reflexionar sobre la evidente necesidad de reformar los premios nacionales, aunque no con el desastroso proyecto que elaboraron los chuchingas que mencionó el Ministro Obregón (a quien sigo profesando respeto y afecto), organismos que nadie conoce, nadie sabe quienes son, y nadie sabía de su existencia ni ha oído hablar de ellos y con cualquiera de los cuales está en pie mi desafío de que lo discuta conmigo en el lugar y hora que se le ocurra.
Las reformas que a mi juicio deben introducirse a los Premios Nacionales, podrían ser las siguientes:
Eliminar de los acreedores al Magón la palabra investigadores, sustituyéndola por historiadores;
Quitarle al poco conocido Premio Clorito Picado que existe, la condición de concurso que tiene, y equipararlo al Magón como premio nacional de ciencia;
Establecer un premio de danza para bailarines y coreógrafos, e incluirlo (mientras esa actividad no crezca lo suficiente) dentro de los Premios Nacionales de teatro;
Entre los premios a la cultura popular establecer claramente que lo habrá para composición y para interpretación y darle a este premio el nombre de García Monge, eliminando el que actualmente lo lleva;
Devolver al Magón la modesta compensación monetaria que originalmente tuvo y cuyo aumento no ha hecho más que despertar codicias;
Eliminar a la inexistente Asociación de Autores en la integración de los jurados, darle representación en ellos a todas las universidades públicas, y ampliar la representación de colegios profesionales donde quepa;
Sacar la música de los Premios Aquileo y crear un Premio Julio Fonseca que se otorgará en composición y ejecución;
Darle al Ministro de Cultura facultad para rechazar la adjudicación de un premio cuando a su juicio no se conforme con las disposiciones de la ley.
Subrayar que el Premio Pío Víquez se otorga por la labor periodística de toda una vida y no por éxitos anuales.

Por supuesto, no habrá que limitarse a lo que dejo dicho. Han de surgir y surgirán otras ideas.

Alberto F. Cañas
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