Alberto Cañas

Enviar
Sábado 3 Diciembre, 2011


CHISPORROTEOS

La decisión de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia en relación con la explotación de nuestras minas de oro, reconforta a cualquiera. Ya es hora de que dejemos de pensar en dar en concesión a empresas extranjeras nuestra riqueza mineral.
Recuerdo haber escuchado a don Alberto Martén contar que en la Junta Fundadora de 1948, se había mencionado la posibilidad de que una compañía francesa pidiera una concesión para explotar nuestro cemento, y que se había resuelto que no acordarían ninguna concesión de ese tipo.
La verdad es que mientras no nació el capitalismo arrollador, estas cosas no ocurrieron, pero en los dos últimos siglos, eso de concesionar la explotación de las riquezas minerales se ha convertido prácticamente en un vicio.
No parece justo ni prudente que los países se conformen con recibir un diez o quince por ciento de la riqueza mientras la empresa extranjera se lleva el resto. Hace unos días leí que en Botswana existen minas de diamante como las muy célebres de su vecina Sudáfrica. Pero Botswana ha decidido que sea el país mismo quien las explote y no una empresa extranjera. El resultado es que Botswana es en estos momentos el país más próspero de África Occidental y el que con más rapidez se está desarrollando.
En Europa ha sido Noruega la que no ha querido dar en concesión el petróleo que encontró en su mar territorial. Lo están explotando ellos mismos. Tal vez han pensado que el descubrimiento de petróleo ha sido una maldición para todos los países donde lo han encontrado. Salvo México, que lo nacionalizó unos años después.
Si no tenemos cómo explotar nuestra riqueza mineral, esperemos que nuestros descendientes sí puedan, como Botswana. Y entonces esa riqueza será del país y no ajena. Como el petróleo mexicano, como los diamantes de Botswana, como el petróleo de Noruega.
No quiero quedarme con la gana de discutir públicamente con alguien que lo favorezca, el mamarracho de proyecto de ley de premios que existe en la Asamblea Legislativa. Tal vez alguno de los diputados que lo apoyan acepte el desafío. Porque ya está claro que los que lo redactaron son unos chuchingas que no desean discutir un proyecto absurdo y disparatado que incluso se han ocupado de que no se publique en ninguna parte. Paso el desafío a los diputados, que ojalá no sean tan chuchingas como los autores del malemérito proyecto.

Alberto F. Cañas
[email protected]