Calma del mercado puede ser sólo un breve respiro
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 Los mercados volátiles, causantes de muchas pérdidas, les dieron un respiro a los inversores de capital la semana pasada. Pero este acontecimiento, en lugar de señalar el inicio de una fase más tranquila, podría considerarse como el preludio de una renovada volatilidad, en las próximas semanas.

Después de finalizar la última sesión de la semana anterior con una ganancia, las acciones – a nivel mundial – arrancaron bien el lunes.
Los mercados en Estados Unidos declararon haber logrado el mejor desempeño semanal desde noviembre, ya que a dos días de sólidos repuntes bursátiles les siguió una consolidación relativamente calma.


Los mercados en Japón y en algunas partes de Europa anduvieron aún mejor, registrando ganancias del 5% al 7%.
Fueron cuatro las razones por las que se dio este respiro de lo que de otro modo hubiese sido un horrible inicio del año: los intentos de los bancos centrales, especialmente fuera de los Estados Unidos por tranquilizar a los mercados.
Las intensificadas negociaciones entre los productores de petróleo destinadas a estabilizar los precios; la fiebre de los bancos europeos por evitar unirse al conjunto de segmentos trastornados por la presentación de medidas tales como la recompra de sus valores; y algunas, aunque limitadas, noticias económicas positivas provenientes de los Estados Unidos.
Sin embargo, ninguno de estos factores sirve para contrarrestar de forma significativa, y mucho menos superar tres realidades mucho más importantes y de mayores consecuencias.
En primer lugar, las utilidades de las empresas continuarán viéndose afectadas por los continuos signos de propagación de la debilidad económica mundial y por una persistente incapacidad por parte de los gobiernos, de ofrecer las necesarias respuestas políticas.
La semana pasada, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo se unió a otros guardianes de la economía internacional ofreciendo pronósticos de menor crecimiento. Observó asimismo otros riesgos.
En segundo lugar, la continua capacidad de los bancos centrales de reprimir la volatilidad financiera se ha puesto cada vez más en duda. Se cuestiona la efectividad de las instituciones dispuestas a observar ese tipo de políticas, particularmente en China y Japón.
Y los bancos centrales con mayor capacidad, tales como la Reserva Federal, no se ven tan dispuestos a hacerlo, particularmente dado que los indicadores económicos sugieren que la volatilidad financiera no ha contaminado la actividad económica y que la inflación de precios y salarios está empezando a repuntar.
En tercer lugar, aunque unos pocos días de ganancias en el mercado pueden forzar a los operadores a comprar cobertura, en este caso, no parece haber causado el retorno de la función estabilizadora del capital a largo plazo.
En su lugar, se desprende de la información existente acerca del flujo de fondos que los mercados aún tienen que remarcar precios considerablemente más bajos hasta encontrar el anclaje del flujo de entrada de los grandes capitales pacientes.
Hasta que estos tres factores cambien, es probable que los períodos ocasionales de calma en el mercado – y, por suerte, habrá algunos – resulten frustradamente cortos. Esto no significa que los inversores sólo deban contentarse con montar pasivamente la montaña rusa que les crea ansiedad y que podría forzarlos – durante algunos baches – a tener que liquidar en el momento inoportuno. En lugar de ello, los inversores harían bien en considerar agregar un componente táctico a su posicionamiento estratégico y estructural al más largo plazo.


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