A un mes de la ceremonia de inauguración, todavía no se sabe si los simpatizantes deportivos se verán desalentados por las banderas rojas en materia de seguridad. Shutterstock/ La República

 Los funcionarios de Río 2016 tratan por todos los medios de convencer a los posibles viajeros a los Juegos Olímpicos de hacer la vista gorda a una lista creciente de horrores, desde partes del cuerpo halladas en la playa hasta la delincuencia callejera y el virus Zika.
“Somos una gran ciudad, y tenemos los problemas que tiene una gran ciudad”, dijo Rodrigo Tostes Solon de Pontes, director de operaciones del comité organizador de Río 2016 en una entrevista en la oficina de Bloomberg en Nueva York. “Estas cosas podrían pasar en las grandes ciudades del mundo entero”.
La evidencia más reciente apunta a lo contrario. Esta semana, el horripilante hallazgo de un pie desmembrado cerca del campo de voleibol olímpico se sumó a una cuenta abierta de mala publicidad que incluye a bandidos armados en motos que asaltan a los conductores en las horas pico de tránsito en una calle bordeada por edificios de departamentos de $500 mil.
A un mes de la ceremonia de inauguración, todavía no se sabe si los simpatizantes deportivos se verán desalentados por las banderas rojas en materia de seguridad. La industria brasileña de viajes ya sufrió una caída a raíz de una recesión que lleva dos años, pero el gobierno espera, de todos modos, el arribo de alrededor de medio millón de extranjeros. Una buena noticia: la caída del real hace que sea más barato para los turistas.
Hay un plan de contingencia, pero los organizadores insisten en que no hace falta. Una nueva línea de metro que se está construyendo para los asistentes a los Juegos Olímpicos estará lista a tiempo, dijo Tostes, pese a que, según el cronograma, comenzará a operar apenas unos días antes de los festejos inaugurales.
“No estamos usando un Plan B”, dijo Tostes refiriéndose a un plan de contingencia para trasladar a la gente en autobuses a los eventos. “Tenemos confianza en que así será”.
Los preparativos de Río para los Juegos Olímpicos tuvieron problemas desde el comienzo. John Coates, vicepresidente del Comité Olímpico Internacional, dijo en 2014 que nunca vio un país menos preparado. Al borde de la quiebra, el estado se quedó sin dinero para pagar a sus empleados públicos, incluida la policía, y tuvo que recurrir a fondos federales de emergencia.
El espectáculo debe continuar. Todavía siguen las obras para completar el enlace del transporte a tiempo, pero la mayor parte del trabajo en las sedes ya está realizado. Mientras tanto, Brasil enfrenta un brote de un virus que puede provocar defectos congénitos y una incertidumbre política derivada de la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff mientras espera su juicio político.
Leonardo de Cunha e Silva Espindola Dias, secretario de Estado del gobernador de Río, insiste en que la preocupación por la seguridad de la nueva línea del metro es exagerada. También desestimó la idea de que la delincuencia es un problema. “Esa percepción no es correcta”, dijo.

 

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