Enviar
Bisturí electoral

La necesidad que tiene el país de reformar sus estatutos legales en torno a la fiscalización de las campañas electorales ha comenzado a resonar de nuevo en la Asamblea Legislativa, como una posibilidad, supuestamente viable, de que esta vez sí se producirán los cambios.
Innumerables editoriales se han publicado en LA REPUBLICA exhortando a que la fiscalización sobre los dineros políticos sea realmente la adecuada; no menos han sido las informaciones dadas a conocer sobre supuestos avances en la legislación, pero al final, conforme se acerca el año electoral, terminan de nuevo en cero.
Los diputados que integran la comisión especial que estudia esas reformas dieron a conocer que prácticamente un 80% de los temas incluidos en el nuevo Código Electoral, ya ha sido consensuado por varios partidos.
En hora buena que se haya avanzado, y que se haya permitido la participación directa en las deliberaciones del Tribunal Supremo de Elecciones.
Aún restan cerca de dos años para que comience a hablarse de lleno de una campaña política, pero aunque el plazo parece aún lejano, ya las experiencias del pasado demuestran que conforme se acerca el proceso electoral, más se enfrían los ímpetus por cambiar las reglas.
La búsqueda de un total consenso, para alcanzar ese 20% que en teoría aún hace falta, debe convertirse en prioridad para los próximos meses.
El Tribunal de Elecciones ha demostrado no tener las armas suficientes para hacerle frente a una adecuada fiscalización. Es algo que ellos mismos han aceptado y que han venido advirtiendo desde hace años, pero que sin embargo no se le ha prestado la adecuada atención.
Nada se logra solo con buenas intenciones. Nada lograrían los diputados con darle más poder de influencia al órgano electoral, si no se le dota también de recursos y se reajusta su forma de trabajar.
Actualmente, a más de un año y cuatro meses desde que se realizó la segunda ronda de los comicios, ese despacho no ha logrado cerrar los números de la deuda política, síntoma claro de que se debe utilizar el bisturí lo antes posible.
El Código Electoral requiere enmendarse, eso es innegable. La operación debe producirse lo antes posible, antes de que la enfermedad pueda más que las buenas intenciones y que las decisiones postergadas sigan aprisionándolo, y con él, a nuestra democracia.
Ver comentarios