La banca asiática está en la cúspide de un “momento WhatsApp”. ¿Recuerdan cuando pagábamos una fortuna por los mensajes de texto? Y ahora todas las empresas de telecomunicaciones juntas del mundo no pueden igualar los 30 mil millones de pings al día de WhatsApp.

A las transacciones financieras les sucederá lo mismo y Asia podría liderar la tendencia, en lugar de seguirla una década más tarde.

La analogía con WhatsApp es una reverencia a Nandan Nilekani, un exitoso empresario tecnológico indio que en algún momento ayudó a Nueva Delhi a poner en marcha documentos de identidad con identificadores biométricos para 1.000 millones de personas.

Nilekani es quizás mejor conocido por darle al columnista del New York Times Thomas Friedman la idea de que el mundo era plano. En cuanto a los bancos, Nilekani está realmente en lo cierto.

Los bancos en la región de Asia y el Pacífico, responsables del 46% del $1 billón de ganancias que sector generó en el mundo el año pasado, deben prepararse para una tormenta, dice McKinsey.

Alrededor de $400 mil millones de sus ingresos van a estar en riesgo para el 2025, según la consultora.

Una pequeña parte podría ser por la pérdida directa de participación en el mercado ante nuevas empresas de tecnología financiera.

La mayor parte, sin embargo, será a causa de la erosión de los precios como resultado del esfuerzo que tendrán que hacer para defender su territorio. Se sentirán temblores por todas partes, desde la financiación y pagos del consumidor hasta los préstamos a Pymes y la gestión de patrimonios.

Hay una razón de peso para que Asia encabece esta recomposición. La región aloja al 55% de los 2 mil millones de personas del mundo que no poseen cuentas bancarias. Más de un tercio de ellos son habitantes de India, China e Indonesia.

Los gobiernos tienen un fuerte incentivo para permitir que sus poblaciones sub-bancarizadas utilicen los recientemente adquiridos teléfonos inteligentes para sortear sucursales, tarjetas plásticas e incluso la banca por internet.

El crecimiento en juego es importante. Tomemos por ejemplo a las pequeñas y medianas empresas.

En China en 2009, representaron el 40% de los préstamos bancarios. Ese número ahora es del 47%, superando los préstamos a las grandes empresas. Sin embargo, la demanda sigue superando la oferta.

Teniendo en cuenta que 37 millones de pequeñas empresas compran y venden bienes en los sitios web de Alibaba, su subsidiaria Ant Financial, la empresa china de tecnología financiera de mayor valor, está sin dudas en una mejor posición para satisfacer las necesidades crediticias de las Pymes que cualquier banco.

Y nada detiene a Jack Ma para que replique el modelo en la India, donde Alipay participa en la mayor firma de pagos móviles del país, Paytm.

Una encuesta efectuada por McKinsey demostró que el 43% de las Pymes en la India tomaban préstamos en fuentes informales, en parte porque habían agotado tanto las líneas de créditos con garantía como las de capital de trabajo.

Credit Suisse estima que los activos de préstamos al por menor de la India, incluyendo los créditos a las Pymes, crecerán a $3 billones para el año 2026, cinco veces el tamaño del mercado actual.

Ahora que cualquier aplicación en el país puede depositar y retirar dinero de cualquier cuenta bancaria utilizando una interfaz de pago unificado, las entidades crediticias han perdido poder en la autorización de transacciones.

Se espera que esto se convierta en modelo para la región. Acorralados en los créditos al consumidor, los bancos podrían replegarse hacia los grandes clientes corporativos.

Los mejores prestatarios en este grupo, sin embargo, pueden recurrir al mercado mundial de bonos. Así que, al final, las entidades de Asia podrían quedarse con lo peor de ambos mundos.

Los usuarios de inalámbricos se sintieron vengados cuando las empresas de comunicaciones, propensas a cobrar mucho por sus servicios, sufrieron el embate de las nuevas empresas de tecnología.

Teniendo en cuenta la popularidad que tienen los bancos, los ahorristas y tomadores de créditos probablemente no demarren ni una lágrima cuando a las entidades les llegue “el momento whatsapp”.

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