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Jueves, 17 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


Avancemos a mejorar la representación parlamentaria

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 21 noviembre, 2018


Pizarrón

La lucha electoral hacia las elecciones municipales y de alcaldías de 2020 y de las nacionales, de 2022, poco a poco va calentando. Los primeros pasos importantes desde el punto de vista organizativo es el afinamiento de los partidos políticos que van a participar en estos procesos electorales.

Hacia 2020 prácticamente están los partidos hoy existentes a nivel nacional, a nivel provincial más los cantonales que repitan, y los nuevos partidos que están en proceso de constitución, tanto a nivel cantonal y provincial como nacional.

Para las elecciones cantonales se podría estimar que más de 70 partidos políticos se presentarán a la contienda electoral, valorando todas las opciones, nacionales, provinciales y cantonales, porque este proceso de hecho es un conjunto de 82 elecciones distintas, una en cada cantón, con sus respectivos partidos. Obviamente, los partidos provinciales, generalmente actúan en todos los cantones de una misma provincia, y los nacionales hacen un esfuerzo por presentarse en todos los cantones del país, lo cual para estos partidos no es una tarea fácil. Pocos lo logran.

Dentro de esta perspectiva dos partidos nacionales han sufrido quebrantos. Se han dividido, el Movimiento Libertario, que tiene a la exdiputada Natalia Díaz, quien disputó internamente la candidatura presidencial, en el proceso electoral de 2018, a Otto Guevara, constituyendo hoy un nuevo partido. Y el Partido Restauración Nacional, el de los pentecostales, que también acaba de dividirse, un grupo jefeado por el diputado Carlos Avendaño y otro grupo, con un número de diputados nada despreciable, encabezado por Fabricio Alvarado, el candidato presidencial de esta agrupación en 2018.

Los demás partidos nacionales hasta ahora aparecen intactos en sus estructuras organizativas y parlamentarias. En ellos no se avizoran aún candidatos presidenciables en perspectiva y que se vean trabajando ya en esa dirección. Protagonismo de algunos dirigentes y diputados sí destaca probablemente con esa intención.

En cuanto al Partido Restauración Nacional es interesante el cuadro que presenta. El diputado Carlos Avendaño, en su segunda diputación, se ha hecho el hombre fuerte del partido. Prácticamente sacó de los organismos dirigentes de ese partido a Fabricio Alvarado, que fue el candidato presidencial que llevó a la Asamblea Legislativa a 14 diputados neopentecostales. Sin Fabricio, y sin las circunstancias que lo hicieron despegar en enero de este año, probablemente este partido no hubiera elegido más de dos diputados.

Fabricio Alvarado, que fue diputado en el gobierno anterior, sabe que la Asamblea Legislativa da escenario, pone tribuna pública, relaciona a los diputados diariamente con los periodistas, los medios de prensa y de comunicación social y se produce una presencia física y mediática cotidiana.

Carlos Avendaño es el actual diputado y sabe él, por experiencia propia de esta situación, y valorando el porvenir de 2022, que él puede ser el candidato oficial del Partido Restauración Nacional, desplazando a Fabricio Alvarado de sus estructuras, que insistirá en sus liderazgo.

Fabricio, por su parte, ha entendido bien el mensaje de desplazamiento que ha sufrido en las estructuras internas del partido, y la marginación a la que ha sido sometido en esa organización. Por eso optó por separarse, e impulsar una nueva organización política electoral, a la cual se le sumaron ocho diputados de los 14 que tiene Restauración Nacional. La ventaja de Fabricio es que no asume todos los problemas financieros y escandalosos que tiene el actual Partido Restauración Nacional, que involucra a sus actuales dirigentes y a Carlos Avendaño al frente de ese partido.

La discusión que tienen sobre la división de diputados es fuerte al interior de ese partidos, pero se resolverá a favor de Fabricio Alvarado, reconociéndole a su grupo de diputados una condición de fracción, aunque no oficialmente, pero sí con peso político en la Asamblea Legislativa por el número de diputados que son. Teniendo ellos la mayoría de diputados de ese partido no optaron por destituir a Carlos Avendaño de la Jefatura de Fracción y de haberles aislado en su interior de cualquier protagonismo organizativo político, sino que optaron por separarse y dejarlo con la minoría parlamentaria que representa con todos los problemas que arrastra y ensucian a ese partido.

El empeño de Carlos Avendaño de tratar de destituir a los diputados que se han separado de la fracción, para sustituirlos, es infructuoso ante el Tribunal Supremo de Elecciones, porque este Tribunal reiteradamente ha sostenido, por su jurisprudencia y fallos similares, que los diputados que renuncian a un partido, estando en ejercicio del cargo de diputados, no pueden ser destituidos, porque fueron elegidos popularmente, y responden a esos votos, aunque hayan sido propuestos por un partido político. Dicho de otra manera, las curules parlamentarias no les pertenecen a los partidos políticos, sino que son de los diputados ya electos. Esto es sin lugar a dudas una discusión que puede sostenerse, pero que a los efectos prácticos por la tradición del Tribunal Supremo de Elecciones, es estéril.

Por su parte, Fabricio Alvarado sabe que en las elecciones de 2022, él seguirá siendo la figura fuerte del liderazgo de masas que forjó desde enero hasta abril de este año, cuando casi llega a la Presidencia de la República. Sigue teniendo ese encanto que lo está amarrando organizativamente en el nuevo partido que impulsa. Por otro lado sabe que él puede ser doble candidato en 2002, a la Presidencia y a la vez a candidato a diputado, de manera que si no gana la Presidencia sí puede ser electo diputado, desde donde forjaría su tercer candidatura presidencial hacia 2026 con más proyección y quizá más éxito.

Carlos Avendaño será el candidato de Restauración Nacional en 2022 pero pasado ese proceso volverá a su pastoreo de ovejas, sin mayor relevancia, como sucedió en los últimos cuatro años, que estuvo fuera del Congreso, y que gracias a la campaña gravitacional alrededor de Fabricio salieron él y los otros 13 diputados.

El pleito de estos diputados, como el que tuvo el Partido Acción Ciudadana, con sus diputados en 2002, que también se fracturó en dos, en 2006, o el Frente Amplio en 2014, u otros partidos como el Movimiento Libertario o el actual Republicano Social Cristiano, que se les separan diputados, pone en evidencia la necesidad de discutir cuál es la mejor forma de elegir diputados, de asegurar una mejor representación política, y lograr con ello una mejor participación ciudadana y mayor fortalecimiento del control político ciudadano.

Los diputados electos por los partidos hoy son más el resultado del arrastre que produce el candidato presidencial que el que ellos mismos generan. Los diputados electos generalmente se engañan en esta apreciación y consideran que salen por sí mismos.

Ya es hora de que vayamos pensando en cómo mejorar la representación parlamentaria, en cómo mejorar la elección de diputados. Es hora de ir pensando, ojalá, fuera posible para 2022, cambiar el sistema. Podría pensarse en varias opciones, algunas de las cuales las señalo.

1.- Elegir los mismos 57 diputados, pero respondiendo a una elección regional dentro de cada provincia. Así, por ejemplo, si un diputado responde a un total de 87.000 habitantes, el número de diputados de cada provincia respondiendo a esa cantidad de habitantes, el Tribunal Supremo de Elecciones, puede constituir regiones electorales, como lo hace con los distritos electorales, distintos a los distritos administrativos, pero a efectos de que en cada provincia, con esas regiones pueda elegirse más representativamente el número de sus diputados respondiendo a los habitantes de cada región que alcance por sus habitantes Por poner un ejemplo, una provincia como Puntarenas puede dividirse en Puntarenas sur, Puntarenas centro, y Puntarenas norte; la provincia de Guanacaste podría subdividirse en la región de la península, la de la llanura y la de la altura. Igual podría hacerse con Alajuela, en la región de la zona económica del norte, la zona central y los otros cantones. Del mismo modo, con Limón, Cartago, Heredia y San José. En la misma lista de candidatos podrían ir los candidatos de cada región provincial, mejorando su representación parlamentaria. Así, a la hora de votar habría mejor representación parlamentaria, respondiendo mejor a sus ciudadanos y a sus respectivas regiones electorales o cantones.

2.- Haciendo distritos electorales en todo el país, sea dividiéndolo en tantas zonas electorales como quieran elegirse diputados, en correspondencia a los 87.000 habitantes por distrito electoral, de manera que en cada distrito se elija solo un diputado. Si este método se aplicara sí es posible en estas condiciones establecer también el proceso de revocatoria de mandato para un diputado electo por un distrito electoral. En las condiciones y formas en que se eligen hoy los diputados no es posible avanzar a la revocatoria de mandato. Para que esto pueda ser posible hay que cambiar el sistema electoral de diputados, no es estableciendo la figura de la revocatoria de mandato por sí misma que se puede lograr.

3.- Aumentar el número de diputados con una lista nacional paralela de unos 30 diputados, para un total de 87 diputados manteniendo los 57 actuales. Los países con una población como la nuestra, de 5 millones tienen entre 120 y 220 diputados.

4.- Cambiar el sistema de elección de diputados para que la elección de estos se haga separadamente de la elección presidencial, el primer domingo de abril, como se hace la segunda convocatoria de elecciones presidenciales cuando sucede. Ya hemos llegado a un punto en que probablemente todos los procesos electorales a partir de 2022 sean de segunda vuelta, entonces en la segunda vuelta deben elegirse los diputados. Esto produce la posibilidad de que los partidos que vayan a la segunda vuelta, solo para elegir diputados, incluyendo los nacionales que participan en la primera con sus candidatos presidenciales, puedan ofrecer mejor a los ciudadanos y electores sus candidatos a diputados, y permite, también que, con base al lineamiento de la primera ronda, se afinen mejor los resultados parlamentarios y se produzca la posibilidad de mayor capacidad electoral para los partidos más grandes, y con resultados más positivos, en términos de favorecer la gobernabilidad nacional desde las mayorías parlamentarias que sería más fácil constituir.

5.- Está también la consideración de la reelección consecutiva de los diputados para que entre ellos, entre los que destaquen, puedan hacer carrera parlamentaria. Así funcionó el país antes de 1948. Por poner un ejemplo, Manuel Mora Valverde fue electo diputado, de manera continua, desde 1934 hasta 1948.

6.- Está también la posibilidad de elegir la mitad de los diputados con la elección presidencial y la otra mitad con la elección de alcaldes y regidores. La mitad de diputados de esta forma también se elegía así antes de 1948, elección de medio periodo se llamaba.

Avancemos a cambiar la forma de elegir los diputados. Es necesario ya. Si queremos mejorar la gobernabilidad y fortalecer la participación ciudadana y su representación hay que avanzar a nuevas formas de elegir los diputados, entre otras cosas. Aquí dejo algunas opciones. Son para la discusión, para la reflexión, para buscar salidas al entrabamiento institucional que tenemos parlamentariamente, son para mejorar la gobernabilidad. Si esto lo lográramos, ganaríamos todos los costarricenses.









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