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Miércoles 7 Noviembre, 2012


Debemos mantener vigentes los principios de la democracia y de nuestro sistema político y, sobre esta base, corregir lo que corresponda


¿Autoritarismo?: A cuál precio

Una inquietante encuesta de Unimer publicada recientemente revela una caída de la satisfacción de los costarricenses con su democracia y su sistema político.
Es sumamente peligrosa esta tendencia. Aun en el peor de los casos, nosotros debemos mantener vigentes los principios y propósitos de la democracia y de nuestro sistema político y, sobre esta base, corregir lo que corresponda, no resulte que de repente nos demos cuenta demasiado tarde de lo que no hicimos para preservarlos. Los costarricenses debemos luchar por ellos, cuidarlos en lo sustancial, remozarlos, actualizarlos y llevarlos adelante, porque así ha sido nuestra tradición histórica.
Nuestro sistema político tendrá sus grietas y nuestros políticos cuota responsabilidad en esta insatisfacción, pero del sistema político formamos parte todos y no solo quienes entran en la liza. Gracias a dicho sistema se mantiene nuestro orden económico y social. ¿Que también le urgen cambios? Creo que nadie duda hoy al respecto. Como todo en esta vida debe renovarse con las nuevas tendencias de convivencia, si acaso lo consideramos inapropiado. Pero de ahí a plantearnos un sistema autoritario, hay mucha diferencia, tanta como perder nuestro derecho a opinar o actuar en libertad sin que nadie nos posicione donde mejor le parezca.
Mostremos nuestros descontentos, pero no trascendamos hasta la cúspide de nuestras propias desdichas; si existe tanta insatisfacción con nuestra democracia y sistema político, que este resultado publicado sea una luz de alerta para revisar lo que la provoca, pero jamás para promover la necesidad de conformar un gobierno autoritario o la aparición de “ungidos” que se crean la solución a todos nuestros males para vivir en sociedad. No, lo autoritario jamás ha sido la respuesta adecuada a los descontentos populares, más bien ha sido el error de tantos pueblos. El autoritarismo, por nefasto, ni siquiera lo toleramos en el seno de nuestros propios hogares.
La historia de muchos países está llena de estas locuras y los resultados siempre fueron los mismos: en ninguno de los casos llenaron las necesidades de cambio de los pueblos ni mejoraron el futuro de los mismos; más bien el futuro estuvo cargado de sangre y luchas que derivaron en sociedades partidas y llenas de odio. La primavera árabe es nuestro más reciente ejemplo. La sangría en Siria retrata las consecuencias de esta dicotomía autoritarismo —ansias de democracia.
Reflexionemos si una Asamblea Constituyente (AC) es nuestra solución en vez de estar creándole parches a nuestro sistema o estar constantemente sujetos a las interpretaciones de nuestra Sala Constitucional. O bien, provocar una reforma integral y mesurada a nuestra legislación que satisfaga las necesidades actuales de buena gobernanza. En principio, me inclino por lo segundo, sin dejar de lado lo primero, pues pienso en una AC solo con el fin de mejorar nuestra carta Magna, sin abandonar los principios que conforman los pilares de nuestra democracia.
Advertencias hemos tenido en este tema, cuidado y por omisión nos liquidamos.

Hector Arce Cavallini