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Auge chino amenazado por trucos

Redacción La República [email protected] | Miércoles 08 junio, 2011



Auge chino amenazado por trucos

Las rebajas de la calificación crediticia pueden provocar reacciones fascinantes. Tomemos, por ejemplo, la decisión de Standard Poor’s de bajar la nota de Japón al nivel de la de China. Yo esperaba que la reacción viniera de Tokio. En cambio, fueron los chinos los que quedaron estupefactos.
Todos los funcionarios chinos con quienes me encontré desde entonces están azorados de que 10% de crecimiento y $3 billones de reservas en divisas no obtengan una calificación mejor que la AA- que China comparte con un país excesivamente endeudado, con una población que envejece y que nombra un nuevo primer ministro todos los años. En China, muchos incluso piensan que su economía merece un puntaje más alto que Estados Unidos con su AAA.
Estas opiniones son tan tentadoras como equivocadas. El riesgo crediticio crece ante nuestros ojos conforme China lucha contra una amenaza inflacionaria que se agrava y cuyo resultado será un crecimiento más lento. Ese proceso plantea mayores riesgos para la solvencia de China y la economía mundial de lo que creen los inversores.
En los últimos años, los economistas y las calificadoras de riesgo crediticio han repetido el mismo estribillo: sólo cuando el crecimiento se enfríe sabremos el verdadero costo de los esfuerzos de China en 2008 para resistir la crisis global. Por algún motivo, el precio oficial, 4 billones de yuanes ($617 mil millones), nunca convenció a los escépticos que no creían posible que China pudiera soportar la debacle de los mercados de crédito con la facilidad con que lo hizo.
Démosle a China el reconocimiento que merece: hizo un trabajo magistral al sobreponerse a las recesiones que afectaron a sus clientes clave. Ni el descalabro de Wall Street ni la crisis de la deuda europea ni la deflación japonesa impidieron que China persistiera en su afán de ser el número uno.
¿Cuál es el secreto del éxito de China? Una acumulación de deuda gigantesca y no declarada. Diseminadas por toda China hay veinte ciudades que necesitan aeropuertos internacionales, relucientes rascacielos, hoteles cinco estrellas, autopistas de seis carriles, universidades y centros culturales de primer nivel, tiendas Prada, concesionarias Mercedes-Benz y gran cantidad de viviendas. Es la mayor urbanización de la historia moderna.
Ese auge de la construcción se desarrolla de manera silenciosa, en buena medida fuera del control de Pekín y está financiado con créditos baratos y la emisión de deuda local. El vertiginoso aumento de los préstamos otorgados por los bancos a las autoridades locales podría disparar una ola de quiebras bancarias que trabaría el crecimiento económico. El incremento de la deuda local, que es difícil de medir, eleva el riesgo de incumplimiento de pago en todo el país y le plantea a Pekín una pregunta delicada: ¿Debe rescatar a los gobiernos locales que se excedieron?
Las ciudades y las provincias no pueden tomar préstamos directamente de los bancos, y entonces han creado más de 8 mil firmas de inversión para eludir las reglamentaciones. Fitch Ratings anticipa que, debido a los créditos concedidos a estos vehículos y a los desarrolladores inmobiliarios, los préstamos impagos podrían llegar al 30% del total en los bancos chinos.
Eso no es todo. Uno de los planes de reactivación post-crisis de China propone construir 36 millones de viviendas de bajo costo hasta 2015, iniciativa que para 2012 agregará 2 billones de yuanes a los préstamos de los gobiernos locales. Estos planes entrarán en conflicto con los esfuerzos para frenar los precios de las propiedades y la inflación.

Pekín