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Precio no regulado llevaría a miles a la ruina a partir de enero
Arroz a la baja y productores, ¿a la quiebra?
No se descarta uso de recursos de Conarroz para apoyar a productores pequeños

El cambio en el modelo mediante el cual se rige el cultivo del arroz en el país, estaría propiciando marcadas variaciones en el mercado.
Al tiempo que los consumidores estarían pagando menos por el grano, cientos de pequeños productores se verían obligados a encontrar otra cosa que hacer, por los bajos rendimientos de sus campos.
Por otra parte, los dineros que hoy engrosan las arcas de la Corporación Nacional Arrocera (Conarroz), y que bien podrían servir de tabla de salvación a los pequeños productores, dependen de una decisión de su junta directiva que podría complicarse.
Durante muchos años los costarricenses han estado pagando bastante más que los consumidores de otros países americanos por el arroz que comen.
Por ejemplo, mientras en Costa Rica se pagan $1,36 por kilo del grano, los nicaragüenses pagan $0,95 y los panameños $1,01.
Lo anterior, por cuanto la legislación actual fija un precio más alto a los tipos de arroz que consume la mayoría de los costarricenses.
Ese precio asegura ingresos suficientes a los pequeños arroceros, aunque sus rendimientos no sean los mismos que el resto de los productores de arroz nacional.
Ello también significa que año tras año, los consumidores costarricenses han pagado demás para apoyar a los arroceros que no mantienen una productividad aceptable.
Sin embargo, con la caída del actual modelo que fija un precio mínimo al grano, los principales productores locales de arroz, así como los importadores, podrían vender el producto a un precio bastante menor que el actual.
Este cambio entrará en vigor a partir de enero de 2012.
Una vez vigentes las nuevas normas, serán las fuerzas de oferta y demanda las que definan quién coloca su producto en los anaqueles y quién no.
Frente a esta variación en las condiciones de mercado, serán los productores más pequeños —y cuyos arrozales rinden hoy por debajo de cuatro toneladas métricas por hectárea— quienes se verían obligados a tomar uno de dos caminos: aumentar su productividad, o dedicarse a otros negocios.
El rango de cuatro toneladas por hectárea ha sido definido por expertos, como el punto de equilibrio en la producción de un arrozal, para poder subsistir en el libre mercado.
Uno de estos casos complicados es el de Orlando Díaz, productor de 65 años de edad y toda una vida dedicada al arroz.
Díaz es propietario de varias parcelas en Sarapiquí y aunque en algunas de ellas el rendimiento llega a las cuatro toneladas métricas por hectárea, el promedio de la productividad de sus campos no llega a tres toneladas.
Ante la inminente caída del modelo que hoy le permite recibir una cantidad de dinero específica por cada quintal de arroz, aunque su productividad sea baja, el arrocero ya se cuestiona qué hará en unos meses.
“Algo que me da tranquilidad, es que mis hijos ya están grandes”, afirmó el agricultor.
Lo que yo no entiendo es cómo alguien no les ha aclarado a las señoras que están en el Ministerio de Agricultura (MAG), que nosotros no recibimos ayudas para producir. Llevamos años de pagar precios bien altos por los productos que le echamos a la tierra, y de pagar mano de obra cara, y eso nadie lo ve, puntualizó Díaz.
Sumado a la caída del modelo arrocero, el grano importado estará en posibilidad de competir en el mercado nacional, aunque en su país de origen quienes lo producen reciban subsidios de sus gobiernos.
Vale mencionar lo anterior, por cuanto el principal origen del arroz que se importa al país es Estados Unidos.
En Estados Unidos los productores arroceros son subvencionados con apoyos gubernamentales reconocidos ante la Organización Mundial de Comercio y ampliamente conocidos por los demás países productores del grano.
Ante tal realidad, los productores nacionales hacen un llamado para que no se permita esa competencia desigual.
“Se ha dicho muchas veces, pero hay que repetirlo… para ver si lo entienden: si retiran la fijación de precios, vamos a ser burros amarrados, contra tigres sueltos”, sostuvo Fidel Villalobos, productor arrocero del Caribe nacional.
“Por más que dejen de cobrarles a los consumidores, si no se bajan los insumos, se elimina la intermediación y se dejan de historias con que van a cobrarnos más por la tierra, la producción nacional no va a ser más barata”, afirmó Villalobos.
Aunque la productividad de los campos de Villalobos sí supera las cuatro toneladas por hectárea, este agricultor no deja de pensar en su hijo, que también es productor.
Andrey Villalobos, arrocero de tercera generación (pues heredó el arraigo a la tierra del papá de su papá), también será de los productores que podrían verse en aprietos por la caída del modelo arrocero.
Los arrozales de este novel agricultor, no dan la cantidad de arroz por hectárea que podría garantizarle una participación en el mercado, después de caído el actual sistema.
“No veo cómo aumentar rendimiento, sin tener que meterle más al campo y sinceramente en este momento estoy saliendo apenas con los costos”, aseguró el arrocero de 23 años de edad.
Por dicha ya he venido sembrando otras cosillas por ahí. Así, me defiendo mientras vemos qué pasa, expresó Villalobos.
Una opción que se valora, para mantener “a flote” a los arroceros de menor productividad, es usar los recursos en manos de Conarroz, al soporte de los agricultores.
Parte de los $12 millones que hoy administra la corporación arrocera podrían destinarse a atender las necesidades de los pequeños y medianos arroceros.
Sin embargo, la decisión de hacerlo recaería sobre la junta directiva, en la cual hay una clara diferencia de criterios entre los representantes de los productores y los industriales.
“Si se está hablando de varios cientos de compañeros agricultores, habrá que hacer lo que sea necesario para que se mantengan”, expresó Oscar Campos, representante de los productores.
“Esos recursos que tiene Conarroz fueron acumulados gracias a las importaciones de los industriales, y nosotros no vemos quebrando a nadie, dentro del gremio: lo que hay ahora es una sobreproducción”, apuntó Francisco Rodríguez, vicepresidente de la Asociación Nacional de Industriales del Arroz.

Ernesto Villalobos
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