Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 19 Agosto, 2010


De cal y de arena
Allá en la división de Golfito


La “huelga bananera del aguinaldo”, declarada en diciembre de 1959 y prolongada a lo largo de 26 días, había dejado honda huella. Más allá de la disputa por el décimo tercer mes de salario, había reaccionado la plantilla administrativa de la Compañía Bananera de Costa Rica que —consciente de los errores y omisiones en el ámbito de las relaciones obrero/patronales que venían dando motivo a fricciones y disputas habilidosamente manipuladas por el sindicato de trabajadores y que incidían en el amplio mundo de sus labores— creyó necesario hacer valer ante la empresa sus puntos de vista en pro de cambios.
Personal de grandes méritos, de ejemplar vocación por el trabajo y de lealtad a prueba de fuego, encontró exitoso eco en la gerencia de CBCR. Allí Fletcher Hatch se convirtió en afanoso abogado de su causa ante la casa matriz en Boston. Había que cambiar, erradicar vicios y arrebatar a la dirigencia todo ropaje de pertinencia para sus constantes llamados a huelga que no solo minaban la imagen de la Compañía; también introducían incertidumbre e inseguridad personal entre la administración.
Los cambios llegaron con impredecible prontitud: en la valoración de las tareas, en la resolución de conflictos, en los beneficios contractuales.
Allí se selló la desaparición de los afrentosos barracones y el acceso discriminado a las zonas residenciales. Se constituyeron las comisiones de trabajo y se formalizó la institución de los Arreglos Directos.
CBCR inició un proceso de traspaso a entes públicos de tierras no laboradas y se constituyeron cinco cooperativas de ahorro y crédito para explotar las que la empresa les cedió en Palmar, Piedras Blancas, Coto, Laurel y Golfito. La dirección del periódico para el que yo laboraba me envió a la Zona Bananera a verificar hechos y recoger testimonios del proceso de cambio con el que vino la reapertura del Distrito Palmar Sur. Vi las celebraciones del Día del Trabajo, con todos los tonos de una fraternal fiesta y masiva participación de unos y otros.
Eran señales del cambio, germinación de la semilla cultivada con esmero por los empleados de la Compañía y auspiciada por sus gerentes. Fueron diez años de paz laboral, ni una sola huelga en una década. Se extinguió después por hechos de los que habrá que hablar en otra ocasión.
Otras visitas para darle seguimiento periodístico al tema fueron ampliando ese mundo de personas y de cosas, de resultados, realidades y anécdotas con las que se laboraba en la División Golfito.
Hace 50 años conocí aquel enclave, con sus virtudes y contradicciones, donde tantos costarricenses eran protagonistas. Allá por julio de 1960 conocí a quienes luego fueron grandes y apreciados amigos. Uno de ellos, singularmente valioso, Agustín Herrera Navarro. Jorge Asch me lo presentó cuando operaba una gran draga haciendo los canales para la siembra de las fincas 50’s. Bastión del desarrollo bananero con responsabilidad social, Agustín, con Houston Lacombe, Laureano Hurtado, Dick Johnson y Johnny Pastor, luego fueron llamados por United Brands para asumir la construcción de ese emporio bananero ejemplar en producción y justicia social que es el Distrito de San Alberto de Siquirres, verdadero jardín que da fe de que aquello que se moldeó hace 50 años en la Zona Bananera del Sur no era una improvisación carente de fuertes raíces.