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Un centenar de menores de edad descuenta penas por matar

Alerta juvenil: homicidios

Responsabilidad empresarial es una salida

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Fotomontaje Jean Carlo Castro/ La República
Ofrecer oportunidades de crecimiento a los niños que viven en zonas marginales, es la solución para alejarlos del crimen organizado.
Mientras tanto, la cantidad de jóvenes presos por cometer crímenes creció un 187% en los últimos cinco años, y una tercera parte de ellos está en la cárcel por homicidio.
Es una opción para la comunidad, incluso las empresas, enfatizar los programas de responsabilidad social, para que los niños menos favorecidos puedan estudiar y forjar su futuro.
De esta forma, es más probable que el niño no esté en una esquina esperando a su próxima víctima.
Un caso es el de la fundación Quirós Tanzi, que tiene como meta donar unas 25 mil computadoras portátiles a niños, para hacer su aprendizaje más atractivo.
El otro caso es el de ITS Infocom, que contrata a técnicos egresados de colegios profesionales, y mediante el programa Abriendo Puertas beca a niños que viven en zonas vulnerables, que han sido identificados previamente por el IMAS.
El apoyo del sector privado es necesario, porque la inversión pública para atender a la población vulnerable se queda corta.
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Por cierto, la inversión anual del Gobierno en educación y alimentación es de unos ¢910 mil por niño, mientras que el costo de mantener a un privado de libertad es de unos ¢7,6 millones, de acuerdo con el Ministerio de Educación, así como la Dirección de Adaptación Social.
Sin embargo, la situación deficitaria del Gobierno implica que no es posible incrementar el apoyo a la educación, lo cual sería necesario en una economía débil.
Esto nos lleva a un círculo vicioso, dado que una economía lenta al mismo tiempo no genera suficiente empleo para las familias marginadas, de modo que algunos menores de edad buscan otras formas de sostenerse.
Para 2012 el desempleo fue del 7,77%, un punto más que el año anterior.
En lo que a delincuencia se refiere, la población juvenil es la que más crece en los centros penales, un 187% en los últimos cinco años, según el Ministerio de Justicia.
Peor aún, siete de cada diez cargan con una condena por un delito violento, siendo tres por homicidio, y cuatro por robo agravado.
Se trata de no menos de 83 menores de edad actualmente encarcelados por homicidio, y 111 presos por asalto con arma.
La mayoría de los jóvenes reclusos procede de zonas pobres, donde la situación socioeconómica y criminal los lleva a cometer delitos para ganar dinero o sobrevivir.
La pobreza en algunos casos es tan severa, que algunos jóvenes aceptan hacerse sicarios, como fuente de ingresos, mientras que el narcotráfico tiende a tener efectos violentos.
Además, los enfrentamientos entre pandillas incrementan la tasa de crímenes violentos.

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Manuel Avendaño
[email protected]

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