Alajuelense se resistió a perder
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Alajuelense se resistió a perder
Herida en su amor propio por “injusticias” del juego pudo empatar dos veces

El clásico hizo honor a su nombre.
Saprissa y Alajuelense ofrecieron un enorme partido, retratado en un marco de lluvia.

Dio la impresión de que los jugadores se dispusieron a agradecer la lealtad de sus seguidores, decenas de ellos empapados en los graderíos, ofreciéndoles un gran espectáculo.
Saprissa inició acelerado y Pemberton achicó a Castro, dispuesto a fusilarlo tras recibir filtro de Russell; respondió Diego Calvo, figura de la noche con pase medido a Sánchez: igual achicó Bolívar y desvió el 1-0.
Esa ida y vuelta del prólogo fue repetitiva en muchos tramos del juego, lo que lo llenó de emotividad, porque enseguida Douglas no pudo cerrar centro de Cancela, pero Guevara tampoco pudo parar un pase largo de Valle que lo instalaba frente a Bolívar.
Entonces, desde la mitad del primer periodo hasta su final, el Alajuelense vivió los mejores momentos, no solo del clásico, sino del campeonato y los discípulos de Oscar Ramírez llenaron todos los ángulos de la grama morada con un exquisito fútbol, que empezó cuando Guzmán y Valle anularon a Cancela y Golobio, pero sobre todo cuando se asociaron con vértigo, Calvo y Sánchez por la izquierda y Guevara con Andrade por la derecha, provocando situaciones de gol apremiantes en el área morada que no fructificaron por ansiedad, centímetros más o menos, despejes apresurados de Badilla y Sequeira y hasta el poste que devolvió trallazo de Allen.
El público se dio cuenta de que Pemberton estaba en el juego cuando voló para desviar bólido de Russell y a descansar.
Un 2-0 en favor de la Liga no lo hubiera desaprobado nadie. Ni Casas.
Se inicia el segundo tiempo y temprano llega la torpeza de Acosta, quien engancha a Cancela sin necesidad, fuera de zona de peligro. Pepe cobra la pena máxima como un astro y pone a hervir la caldera en el minuto 49.
José Luis Cordero había sustituido a Golobio y los anfitriones momentáneamente le imprimieron velocidad a la cintura; tuvieron el 2-0 cuando Cordero la pasó a Castro pero el “Tanque”, que jugó muy bien no cerró en el segundo palo. De nuevo Alejandro la pega y Patrick desvía, para dar paso a varios minutos de belleza eriza.
La Liga entra por los costados; Guzmán, notable, filtra a Calvo y este cruza al área caliente. Se cruza como un rayo Sequeira, manos al aire y la bola le pega. El juez Bejarano dicta sentencia. Penal. Douglas se dibuja incrédulo.
El exguerrero del sur, Juan Gabriel Guzmán vence la estirada de Bolívar y el uno a uno marca justicia en el 62. Le queda media hora al clásico y los estrategas mueven fichas; Gabas y Gatjens refrescan la cintura manuda que se apropia de la medular y la Liga gana eso que llaman las segundas bolas.
Hay un cerco sobre la retaguardia morada; el Alajuelense juega mejor y… gol de Saprissa.
¡Será posible!, dice el Machillo.
Minuto 73; de nuevo Cordero lanza al segundo palo; salida precipitada de Pemberton sin protección; se la gana Castro que pone la píldora e la cabeza de Douglas y este conecta a la red.
Los jugadores rojinegros se revuelcan las entrañas; de nuevo contra la pared; juegan mejor y pierden. No hay justicia en el clásico.
Quizá en busca de ella, Guzmán le arrebata con pasión la bola a Cancela; da a Calvo que enseguida filtra a Guevara por la izquierda. El Cusuco la para, mira y levanta el centro largo que lo conecta de cabeza Gatjens, robándole la espalda y la billetera a Badilla y rompiéndole los guantes a Bolívar.
¡Jupazo de justicia!
Pero no crean que los actores se contentaron con el empate; nadie aflojó; los porteros sacaban de prisa y la adrenalina inundó el entorno. Había chance para un tercer gol que finalmente no llegó.
Miles de palmas desde las gradas mojadas, premiaron el resultado y el esfuerzo de cada uno de los protagonistas. ¡Clasicazo!

Gaetano Pandolfo
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