Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 31 Enero, 2012


Reflexiones
Al filo de la navaja

Como es tradición en cada cierre de enero tenemos la divulgación del programa monetario del Banco Central. Una bolita de cristal que permite a los economistas elevar su “rating” de cara a la ciudadanía, aunque no en pocas ocasiones los resultados del pronóstico resultan errados o al menos no muy cercanos a la realidad. ¿Cuáles son entonces los contenidos clásicos de un programa monetario? ¿Qué nos dicen para este 2012? En primer lugar, una descripción del estado de la economía en el año que recién terminó, una valoración de los hechos o eventos probables para el año vigente y, sobre todo, la definición de reglas y objetivos de política con rangos para las proyecciones de los estimadores que dan cuenta del comportamiento macroeconómico del país.
Es esencialmente el informe de coyuntura económica que revisa cada seis meses y que, entre otros, muestra la evolución de los macro-precios, a saber, la inflación, el tipo de cambio y la tasa de interés existentes. Dichos precios reflejan la situación de los equilibrios del mercado de bienes y servicios, el mercado monetario y el balance del mercado cambiario o del sector externo. A primera vista, la “bolita de cristal” no diría nada muy distinto para 2012 respecto a lo sucedido en 2011. La inflación seguirá en un dígito y cercana al 5% anual; el tipo de cambio no variará de forma significativa en su promedio del año y la tasa de interés, cuyo indicador muestra recientemente más volatilidad y preocupante despegue, podría ser la sorpresa en el entorno macroeconómico del año, aunque si continúa el ingreso de divisas no pareciera ser una situación preocupante. En su conjunto podríamos decir que la estabilidad macroeconómica de 2012 no pareciera estar en peligro a pesar de los avatares fiscales y la crisis económica internacional.
En el sector real de la economía el país podría finalmente recuperarse de la difícil situación de 2009 y su proyección es cercana al 4% y podría ser inclusive superior en 2012. La inversión extranjera directa sigue en ascenso y un renovado ánimo de los inversionistas locales pareciera que ha despertado nuevamente el apetito del consumo interno.
Las exportaciones han iniciado su despegue nuevamente y en general, no parece que será un año tan difícil para el costarricense de a pie. A todo lo anterior, debemos sumar en lo macroeconómico una situación fiscal estancada y un crecimiento significativo, aunque manejable en el corto plazo de la deuda.
Con todo lo anterior, podríamos soltar los dados y jugar a la ruleta. El problema de fondo es que el crecimiento y la estabilidad económica viajan al filo de la navaja en una claramente inestable y volátil economía occidental. Es por eso que quizás deberíamos ser un poco más realistas sobre la posición país, la creciente brecha fiscal, la insostenible situación cambiaria y la baja pero inquietante inflación. A todo lo anterior el programa monetario saldará su posición con un clásico, “ceteris paribus”.

Leiner Vargas Alfaro
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