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Martes 27 Abril, 2010


Mi taller hospitalario fue el Calderón Guardia. Me repararon muy bien. Estuve internado diez meses seguidos. Me hicieron dos traqueotomías, más seis cirugías mayores. Estuve en coma dos veces. Gracias.

 Agradecimiento al Hospital Calderón Guardia

El 5 de marzo se cumplieron 30 años de mi muy severo accidente de tránsito camino a Puntarenas, a la altura de Santiago de San Ramón. Cuando nos hacen un gran favor, hay que saber agradecerlo. Comencemos.
El INS dio pérdida total a mi automóvil y lo envió al desguace. Mi taller hospitalario fue el Calderón Guardia, donde trabajaba entonces y me repararon muy bien. Estuve internado diez meses seguidos. Me hicieron dos traqueotomías, más seis cirugías mayores. Estuve en coma dos veces.
La cirugías más espectaculares fueron la de cadera, doctores Oreamuno y Blanco Arroyo, una artrodesis de emergencia. Años después, el joven Dr. Pérez Gutiérrez hizo el definitivo reemplazo total de cadera.
Lo más dramático fue la reconstrucción de mi cara y cráneo; siete horas, una maravillosa anestesia por hibernación, la segunda que se hacía en el país, a la desesperada, para enfriar el cerebro tantas horas y evitar secuelas posteriores, fue dada por el Dr. Gerardo Jiménez Trejos, quien siempre estuvo en todas las operaciones animando a los cirujanos a seguir adelante. Nunca hizo caso al oír que “Domínguez no llega a mañana”.
Y aquí estoy. Los doctores Grau Canalias, de Reconstructiva, más Chaverri Soto, y Fernández Alpízar de Neurocirugía. Muchas gracias a todos.
Estuve en el CENARE: doctores Fernández Sancho y Montero Mejía, y los del Hospital Calderón, Drs. Gil Chan y Matamoros. Gracias al personal de los salones y dietistas, escogidas en mi hospital por concurso de belleza en especial a Hemodiálisis de los hospitales México y Calderón Guardia. A la gente de Farmacia, Laboratorio, Rayos X, a mi psiquiatra Vicente Ugalde y a los 11 puntarenenses que llegaron en buseta a donar sangre para su urólogo en apuros. Trabajé allá cuatro años, hice 1.200 cirugías. Mi vida medica más feliz y productiva.
Dos años después del accidente volví a ejercer la urología plenamente en el Calderón Guardia. Valió la pena luchar. Fueron diez años más a pleno rendimiento, con ganas de vivir, mi cuerpo remendado pero mi mente y mis manos íntegras y lúcidas. Había aprendido que la vida se puede acabar al momento siguiente, que había que dar todo de uno mismo a lo que se hacía. Hasta me metí en política, candidato a diputado, después, al no salir elegido, ascenso a coronel y asesor en Seguridad Publica.
Había sido jefe médico de nuestra Guardia Civil en la frontera cuando la caída de Somoza. Estaba contento… De pronto, empecé a necesitar bastón, aparecieron cólicos nefríticos, taquicardias, engorde, hipertensión, bajé el ritmo poco a poco. Empecé a incapacitarme. Después fallo renal y, hemodiálisis año y medio. Trasplante renal. El donante fue una jovencita que murió en accidente de tránsito. Gracias. No sé tu nombre, estarás allá al lado de Dios. Yo siento tu riñón que me da vida. Gracias, Dr. Clay Montalbert-Smith, y a los nefrólogos Mora Palma y Herra , que me cuidan hoy. Gracias al director del Hospital, Dr. Hernández Catañeda, intensivistas, etc… A mis colegas urólogos por su aliento y compañía.
Lector. No se rinda, si algo le pasa. Vuelva a leer esto. Si enferma gravemente y tiene la suerte de ir al Hospital Calderón Guardia. Tranquilo que ahí lo resucitan.

Carlos E. Domínguez Vargas
Médico cirujano - urólogo
[email protected]