Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 25 Agosto, 2015

Si fuese taxista pensaría dos veces oponerme al sistema, mejor estudiarlo e incorporarlo a la vida cotidiana, no sea que mañana al despertar me quede sin clientes

Reflexiones

UBERmanía

Muchos choferes de taxis rojos, porteadores y piratas se estarán cuestionando en este momento si tendrán o no trabajo la próxima semana, el próximo mes o el próximo año.
Ciertamente la presencia desde el 21 de agosto de 2015 de la firma UBER Costa Rica, es el resultado de la incapacidad pública para regular apropiadamente el transporte público modalidad taxis y servicios paralelos de transporte de personas.
La tecnología utilizada por UBER es sencilla y fácil de usar, con una aplicación de teléfono inteligente que integra los oferentes y los demandantes de un servicio de transporte, con precios y eficiencia al usuario al parecer mejores a los existentes, que en la forma tradicional no están a la mano de los usuarios, al menos en Costa Rica. Ciertamente con UBER se pone de manifiesto que la regulación de precios y de la calidad del servicio ha estado capturada por los empresarios del transporte, lo que ha generado tarifas superiores y condiciones técnicas de los vehículos insuficientes al nivel de la tarifa ofrecida.
La existencia de UBER da cuenta de rentas monopólicas, que son posibles gracias a la excesiva regulación y la captura del regulador. Amparada en una visión de hace 30 años, la regulación por sitio, la asignación política del número de placas y la regulación débil de la calidad, hacen que se permitan vehículos muy viejos en el servicio de taxis y que se pague mucho por servicios de pobre calidad equivalente.
Ante el desorden existente, la llegada de una empresa que simplemente revoluciona el servicio, debido a modalidades de pago, servicio frecuente, modernidad tecnológica y, sobre todo, confianza entre usuario y empresario o proveedor del servicio, esto genera la rivalidad clásica de precios de un mercado que necesariamente requiere ajustes.
Así las cosas UBER parece ser el detonante de una verdadera revolución en el transporte de pasajeros.
UBERmanía es una clara muestra de la incapacidad del Estado para accionar adecuadamente los intereses de quienes prestan y son usuarios de los servicios públicos.
Ya tenemos experiencias en las ASADAS para el agua, el uso de sistemas fotovoltaicos para electricidad en algunas islas y comunidades aisladas y en sistemas de comunicación radial para zonas lejanas, teléfono comunal y otros tantos servicios comunes.
Oponerse al desarrollo tecnológico e intentar evitarlo con más regulación, es imposible, generar reacciones violentas al estilo ludista es absurdo y poco prudente, intentar ocultar la verdad y no hacer nada, es poner al descubierto la incapacidad del Estado en este y otros campos.
Cierto o no, muchos costarricenses han iniciado la UBERmanía y no creo que sea posible pararla. Creo que si fuese taxista pensaría dos veces el oponerme al sistema, mejor estudiarlo e incorporarlo a la vida cotidiana, no sea que mañana al despertar me quede sin clientes.

Leiner Vargas Alfaro

 

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