Costa Rica se volvió ingobernable desde una crisis de valores esenciales (…) desde que se empezaron a tomar decisiones políticas con fines personales evidentes

Mi punto sobre la ingobernabilidad

He cavilado sobre la ingobernabilidad de nuestro país, buscando las raíces de esta situación que nos apremia a todos y que tiene a una nación postrada en crisis de incertidumbre.
En mi opinión, Costa Rica se volvió ingobernable desde una crisis de valores esenciales que en algún momento se empezó a gestar; desde que se empezaron a tomar decisiones políticas con fines personales evidentes; desde que las sillas de muchos cargos de gobierno se convirtieron en fines para enaltecer figuras y desde que las responsabilidades de gobierno se depositaron en personas que llegaron solo para cumplir compromisos.
Todo esto empezó a generar manipulación de normas, mal manejo, por decir algo, de los asuntos públicos e incapacidad, muchas veces, para resolver asuntos debido a compromisos avisados.
Costa Rica está en crisis porque hemos hecho de la capacidad un asunto secundario y de los compromisos un asunto esencial cuando se está en el gobierno.
Sin apenas darnos cuenta, hemos debilitado los órganos de control cargándolos de todo tipo de funciones para engolosinar las presiones del poder.
Ni que decir de muchas leyes que se han estado creando para satisfacer un momento dado, sin meditar en las consecuencias futuras en el ámbito general, como si solo existiera un estrato de culpabilidad en todo ello.
Y llegan los cambios inmediatos a las mismas y el país entra en etapas de crisis sicológica producto de tanta energía desperdiciada.
Es un ejercicio despiadado de inutilidad práctica que solo genera debilidades en el arte de gobernar.
Y no queda más remedio que el sometimiento a las burlas y a las críticas irónicas que produce un desgaste innecesario en la imagen de un gobierno y esto queda traducido en pérdida de confianza de la ciudadanía.
Para volver a tener un país gobernable se necesita revisar nuestros procesos de nombramientos, actualizar nuestras leyes, mejorar nuestro sistema de elección popular, hacer partícipes de la riqueza nacional a los municipios, dándoles mayor independencia financiera.
Hay que adelgazar los poderes que tienen ciertas instituciones para que no se enfrenten al Estado, cosa tonta, sobre todo en las que concurren decisiones del gobierno.
No se puede dejar de lado la necesidad de hacer más expeditas las respuestas a las necesidades ciudadanas y crear una mejor estructura de financiamiento para el Estado (y no digo del gobierno por aparte).
Mucha de la ingobernabilidad de este país viene dándose desde hace varios años por el descontento ciudadano ante dudosas prácticas de gobernar y la lenta reacción de las autoridades cuando se trata de resolver prioridades sociales.
El Estado se ha atorado a sí mismo por mucha incapacidad para resolver adecuadamente lo esencial e importante y esto hay que cambiarlo.
Al país no le queda otra.

Dr. Héctor Arce Cavallini
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