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Viernes 6 Junio, 2014

Sin importar el costo, limpiemos las instituciones públicas de la burocracia que hipoteca nuestras formas de pensar e impiden migrar a nuevos paradigmas de desarrollo


Mentes limpias versus mentes hipotecadas


Hay una urgente necesidad de resetear las formas de pensar.
Mientras estuve participando en un seminario denominado 3Es (Edificaciones Eficientes Energéticamente sostenibles), una de las conferencistas refiriéndose a la necesidad de romper paradigmas, comentó sobre la necesidad de que los jóvenes con mentes limpias deberían ser aprovechados antes de que hipotequen sus conocimientos y formas de ser con los viejos esquemas que impiden realizar el cambio en los modelos de desarrollo que actualmente utilizamos en nuestra sociedad.
Me llamó poderosamente el concepto de “contaminación” de las mentes y formas de pensar y considero que es altamente aplicable a todos los campos del quehacer nacional y muy en particular en los ámbitos de acción del Gobierno y sus instituciones públicas.
Se me ocurre y lanzo al aire para la reflexión algunos elementos:
- Qué tan anclados nos quedamos entre el objetivo original con que se creó Recope y lo que realmente hace en nuestros días.
- Qué tan comprometidas están las conciencias hacendarias que han frenado que Costa Rica se convierta en el primer país latinoamericano con una flotilla vehicular eléctrica o híbrida.
- Qué intereses pueden existir que impiden cambiar el modelo energético actual y nos movamos hacia una matriz energética que nos permita la sostenibilidad.
- Qué intereses comerciales pueden haberse infiltrado en las instituciones que hacen que en este país una simple certificación tropiece con una maraña de procedimientos y permisiología, y ni que hablar del tema de licitaciones y adjudicaciones en áreas como obra pública, salud, transporte, energía, alimentos, etc.
Cuando se observa que en el gabinete del actual Gobierno existen una cantidad de caras nuevas que deben de trabajar con funcionarios públicos de los denominados “mandos medios”, sale la pregunta de si tendrán el poder y tiempo necesarios para resetear la forma de pensar y actuar de esos influyentes colaboradores y hacer el viraje que este país requiere.
O viéndolo de una forma negativa es preguntarse cuánto tiempo tardarán esos mandos medios en atravesárseles y meter el miedo suficiente para que esos nuevos jerarcas renuncien, justifiquen o acepten la triste realidad de que este país está condenado a mantenerse encallado.
En tanto, sin importar el costo, procedamos a limpiar las instituciones públicas de la burocracia que hipoteca nuestras formas de pensar e impiden migrar a nuevos paradigmas de desarrollo.

Mynor Retana C.

Ingeniero
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