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Viernes 30 Marzo, 2012

Medios de comunicación, Poder Judicial y opinión pública

No es una sorpresa, ni debe extrañar a propios o extraños, que la labor de los jueces, y en general la labor del Poder Judicial esté constantemente sometida al escrutinio público. Cada resolución emitida y cada decisión adoptada, será o podrá ser un campo de cultivo idóneo para la discusión y la opinión de la comunidad en general, de los medios de prensa o del propio círculo gremial.
Sin embargo, debe tenerse en cuenta que toda libertad y el uso que se haga de ellas, lleva implícita una responsabilidad en quienes la ejercen. Por supuesto que la libertad de expresión y la libertad de prensa no son la excepción.
El privilegio de tener al alcance de la mano, un micrófono, una cámara o una imprenta debe ser cuidadosamente celado, y el uso que de estos se haga debe ser cautelosamente meditado.
Resulta poco conveniente a todas luces, informar sobre sucesos, acontecimientos, o eventos de interés general, sin siquiera preocuparse de previo, por manejar los conocimientos mínimos básicos para no convertir una noticia en una cascada de sinsentidos, de palabrería suelta y de conceptos inaplicables que produzcan irremediablemente que la noticia que debía transmitirse pura y simple, se convierta en un caos informativo por desapego a la realidad de lo acontecido.
Es desde esta óptica que debe apelarse a que los medios de comunicación, como formadores de opinión, no ejerzan tales libertades irresponsablemente, creyendo ciegamente en que son capaces de emitir criterio sobre temas que desconocen desde sus bases más fundamentales, y en su defecto, en caso que les resulte indispensable abonar un comentario o siquiera transmitir una noticia en particular, apelar a la humildad que significa la retroalimentación, y prestar siquiera atención al manejo de términos y conceptos, sin los cuales, se reitera, nada de lo informado será fiel reflejo de la realidad.
Pero más reprochable resulta aún, cuando profesionales en derecho, venidos a faranduleros y aspirantes políticos, se atreven a verter opinión sobre cuanto tema, causa, investigación o expediente se trate, sin siquiera conocer los detalles mínimos que rodean el caso que se trata. Eso es irresponsabilidad profesional, y utilizar tales personajes como gurús de opinión es más peligroso aún. Cada quien “echa” para su saco indudablemente, y no hay mejor manera de generar adeptos para un medio de información o para una corriente de seguidores, que decir lo que la gente quiere escuchar.
Un aplauso para los periodistas serios, responsables, y estudiosos que previo a tomar en sus manos el privilegio que significa ser un formador de opinión, se dan a la tarea de formar de antemano su propia visión, no bajo motivaciones hepáticas populistas, sino leyendo, informándose y cultivando su propia opinión, y un aplauso también para los colegas abogados que conocen y reconocen que cada caso judicial es un mundo diferente, que el derecho no es una cuestión de uno más uno, es igual a dos, y que son cautos a la hora de opinar sin siquiera haber observado la carátula del correspondiente legajo de investigación.
Para hablar y comer pescado hay que tener mucho cuidado.

Luis Diego Ulloa Rodríguez
Juez Penal