La responsabilidad es de todos

Un amigo contemporáneo, en una reunión de excompañeros de colegio, manifestó una opinión que adquirió para mí el peso de verdad absoluta: responsabilizó a nuestra generación de la situación actual del país. Tiene razón.
Los que hoy rondamos los cincuenta años, tenemos varias décadas de trabajar, de vivir, de pensar. ¿Qué hemos hecho en estos treinta años?
Nacimos en el contexto del Estado paternalista y benefactor, crecimos durante la bonanza económica, maduramos en una Centroamérica convulsa, vivimos en pleno la transformación física, ideológica y ética de Costa Rica. Hoy, la mayoría de quienes están al frente de los puestos poder, tanto estatales como privados, tienen entre 45 y 55 años.
Es cierto que nuestros mayores no nos heredaron una Costa Rica perfecta. Tal vez parecía, pero estaba lejos de serlo. La corrupción, al igual que la caverna de la autopista, no nace de un día para otro: cuando se hace evidente tiene años de gestación. La destrucción de los tesoros que heredamos de la generación de los abuelos, ha sido en parte responsabilidad de los padres que los sucedieron, pero ahora es nuestra.
De ninguna manera estoy planteando que haya que participar activamente en política. Primero porque hay que “casarse” con una ideología (que casi no existen) o entregarse a un partido (que casi no valen la pena). Segundo porque hay que hacerle creer a los demás que uno tiene “vocación de servicio” (cuando casi no sucede). Tercero porque un puesto público no es necesariamente la mejor trinchera para construir algo bueno para los demás.
En un país corrupto como el nuestro, muchos podrán afirmar que ya hacen bastante por la Patria, trabajando honestamente, pagando sus impuestos y cumpliendo con las leyes. No, no creo que sea suficiente. Nuestra responsabilidad debe ir más allá.
Tenemos la obligación de no ser indiferentes ante nada ni nadie. Observar nuestro barrio, nuestra comunidad, nuestro cantón. Informarnos bien antes de votar para luego poder exigir nuestros derechos ante las autoridades. Reportar las fugas de agua en la acera o los semáforos que no funcionan. Incluso intervenir hasta evitar, como lo hizo un hombre hace algunos meses, que su vecina muriera asesinada a manos de su esposo.
Y si a veces un ciudadano responsable contrata un estudio privado para prevenir una catástrofe, lo presenta ante la Municipalidad correspondiente, esta realiza las acciones necesarias ante la institución que debe solucionar el problema pero los funcionarios no toman las medidas necesarias y una carretera casi se parte en dos, provocando el caos anunciado, esto no debe debilitar nuestro compromiso con la sociedad.
No basta con quejarse a través de las redes sociales, no es suficiente con despotricar en reuniones privadas. Debemos tener una actitud vigilante y activa ante todo lo que no funciona o lo hace de manera incorrecta. Solo así podemos dar un ejemplo a nuestros hijos y guardar la esperanza de un futuro mejor.

Claudia Barrionuevo
claudia@barrionuevoyasociados.com

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