Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

Enviar
Lunes 16 Diciembre, 2013

Revisé los artículos de estos meses, los analicé y definí los sucesos nacionales, internacionales y personales que me afectaron


El recuento del año

Se acaba un año. El 2013. Como muchos de ustedes me enfrento a la tarea de hacer el recuento de estas 51 semanas pasadas. Revisé los artículos de estos meses, los analicé y definí los sucesos nacionales, internacionales y personales que me afectaron.
En la primera columna expresé mi respeto por Pepe Mujica. Mantengo mi posición. Recientemente Johnny Araya manifestó su admiración por el presidente uruguayo. Debería tener cuidado con tales afirmaciones en medio de la campaña del miedo contra el comunismo.
A propósito del terror que pretenden inculcarnos y los pocos días que faltan para el primer domingo de febrero, intenté analizar la situación política electoral en más de una ocasión.
Manifesté mi amor y compromiso con Costa Rica y lamenté su decadencia en muchos campos, rescatando las Ferias del Agricultor y el gran avance de los trenes.
En febrero tres sucesos me resultaron impactantes: la caída de un enorme asteroide en los Montes Urales que, milagrosamente, no tuvo mayores consecuencias; la condenada mundialmente prueba nuclear a cargo de Corea del Norte y la insólita renuncia del Papa Benedicto.
El Vaticano llamó mi atención dos veces más.
Primero fue el descubrimiento de los Vatileaks, que debilitó la imagen de Ratzinger y me recordó a nuestro embajador en la Santa Sede que, regresando al tema del terror, fue uno de los gestores del tristemente célebre Memorándum del miedo.
Luego me sorprendí ante la elección de un Papa argentino que se había criado a pocas cuadras de las casas de mis abuelos paternos y maternos
Aplaudí algunas de las 100 recomendaciones de los Notables y diferí con otras. Concluí mi artículo asegurando que podíamos esperar sentados hasta que fueran aplicadas. Así fue.
Mi indignación se manifestó muchas veces: tanto ante el atentado en la Maratón de Boston como frente al bombardeo contra Afganistán perpetrado por la OTAN; por la ofensa que sufrió Evo Morales en Europa y por los casos de espionaje estadounidense a los gobernantes latinoamericanos destapados por Edward Snowden.
Tres diputados que han hecho una triste labor en la Asamblea Legislativa, fueron mencionados en mis columnas sin dar sus nombres. No quiero darles más fama, aunque sea mala.
Por supuesto que el teatro y el cine fueron temas importantes, a propósito de varios estrenos en ambos campos artísticos. La ley de cine aún pendiente de aprobación también llenó un espacio.
Me reí mucho con los ingeniosos nepalíes que lograron emigrar engañando a algunas autoridades universitarias y me burlé del famoso vuelo presidencial a Perú en un avión de dudosa procedencia.
En el plano personal me quejé de la tendencia a procastinar mía y de muchos y de la necesidad de ser uno mismo sin máscaras ni disfraces. Arremetí con ira contra los abusadores. Defendí a las mujeres maduras, a las decididas, a las “locas”, a las que no caen en la tonta tentación de las cirugías plásticas y elogié a María Elena Walsh y a Idea Vilariño.
Ese fue mi año reflejado en mis artículos. Estoy lista para empezar el próximo. Ojalá que al final de 2014 el balance sea mejor.

Claudia Barrionuevo
[email protected]