Enviar
Jueves 7 Marzo, 2013

Hombres y mujeres pueden obtener los mismos logros pero deben aprender a valorarse por su personalidad y sus virtudes y no solo por su imagen


El machismo nuestro de cada día

Muchas mujeres en Costa Rica tenemos la oportunidad de estudiar, trabajar, decidir si queremos casarnos y tener hijos, ser profesionales, hacer ambas o ninguna. Somos gerentes, jefas, presidentas, diputadas, jueces, vendedoras, chanceras, taxistas, obreras, policías y choferes de bus.
Si bien es cierto tenemos mejores condiciones que en otros países, a pesar de que tenemos más oportunidades y hemos obtenido muchos logros con el tiempo, el machismo sigue siendo pan de cada día.
Habita en la casa del hombre adinerado que no deja trabajar a su mujer y que la controla con dinero, en la violencia callejera del tradicional “piropo” y en el “si no quiere que le digan nada, no se vista así” que nos repiten desde jóvenes. El machismo está en el chiste sobre la mujer tonta, en la palabra “zorra”, en la casa de la mujer trabajadora que cuida a los niños sola después de trabajar todo el día y en el hombre que le “ayuda” como si no fuera parte de sus obligaciones también.
Está también en la iglesia, en cualquiera que usted escoja, y en las noticias que informan sobre la vuelta ciclística femenina con un reportaje sobre las más guapas de la competencia o la nota sobre si Laura Chinchilla hace oficio en su casa.
El machismo habita dentro de nosotras, cuando nos sentimos culpables por ser gordas, solteronas, e imperfectas. La sociedad nos lo mete en la mente desde que somos pequeñas Por ejemplo, cuando conocemos a alguna niña, lo más habitual es comentarle “lo linda que se ve” y ella comienza a valorarse a sí misma con base en cómo los demás perciben su apariencia física.
Lo peor es que el machismo no solo perjudica a las mujeres, también está presente en la burla hacia el hombre agredido, hacia el sensible, el homosexual, el solterón, el que cuida su apariencia física o el que no puede ser el proveedor económico.
¿Cómo podemos combatirlo? No solo son necesarias las leyes y las acciones de las autoridades, grandes marchas, movimientos sociales y huelgas. Lo podemos vencer todos, en nuestras casas y trabajos, enseñándoles a nuestros hijos que hombres y mujeres pueden obtener los mismos logros y que deben aprender a valorarse por su personalidad y sus virtudes y no solo por su imagen.
Lo puede combatir usted, con lo que elige ver y leer, con lo que escoge decir y pensar, no riéndose del chiste misógino y no descalificando a las personas etiquetándolas con estereotipos.
Este 8 de marzo, lo invito a ver lo que le rodea con una mirada más crítica, para detectar y oponerse al machismo donde se muestre, desde los sitios más evidentes, como la violencia doméstica o el acoso sexual hasta en aquellos que están ocultos en nuestra mente y perpetuamos sin pensar. Con esos pequeños, pero importantes cambios vamos construyendo todos poco a poco una sociedad más equitativa.


Shirley Malespín