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El despilfarro en instituciones autónomas altera el ánimo de costarricenses que ven con mucho recelo que se aprueben más impuestos para que siga el derroche

El despilfarro debe acabar

Es indispensable. Debemos volver sobre el tema del que hablamos ayer en este mismo espacio porque se trata de un grave problema que sufre Costa Rica y que parecen ignorar los jerarcas de algunas instituciones autónomas.
Mientras el país entero se encuentra agobiado por la situación del déficit fiscal y por la amenaza de tener que pagar más impuestos, algunos jerarcas de entidades autónomas hacen oídos sordos a la restricción que impuso la administración Chinchilla para que el crecimiento presupuestario sea solo de un 3%.
En virtud de que dichos jerarcas (de al menos 190 instituciones) son los únicos que deciden sobre cuánto dinero gasta la empresa pública a su cargo al año, algunas incrementaron en un 30% el egreso (mayormente por pago de salarios), comparado con el de los últimos dos años.
Y como lo señala una nota de este medio ayer, gran parte de estas entidades, exceptuando a los entes financieros, son costeadas por medio de los impuestos que pagan los contribuyentes, a quienes se les quiere convencer, por otro lado, de que paguen más tributos aún, de aprobarse el proyecto fiscal en discusión en el Congreso.
Como lo decíamos ayer, los contribuyentes ya no quieren seguir siendo el soporte de todo ese despilfarro, ya que en algunos de esos entes, incluso se dieron el lujo de aumentar en un 80% el gasto de las consultorías y asesorías.
Pese a que se trata de entes públicos, el gobierno y la Contraloría solo pueden instar a hacer un uso racional de los recursos, pero no obligar a sus jerarcas a gastar menos.
Ante esta grave situación que enfrenta el país, algo que se viene arrastrando desde hace muchos años sin que lo notara tanto la población porque hubo una situación fiscal buena que permitía el derroche, se impone pensar en la importancia de a quiénes se nombra en tales puestos al frente de las instituciones autónomas.
¿Por qué tenemos jerarcas que no acoplan sus actuaciones con la situación fiscal del país e incluso se permiten aumentar salarios a costa de las familias y las empresas?
¿Fueron tomadas en cuenta las características éticas y de responsabilidad social de estos jerarcas al nombrárseles para estar al frente de las instituciones públicas?
Son muchas las preguntas que día a día quedan sin respuesta. Este es el terreno sobre el cual germina la disconformidad ciudadana. Esta es la realidad que altera el buen ánimo de muchos costarricenses que hoy ven con mucho recelo que se aprueben más impuestos para que siga el despilfarro.
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