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Jueves 1 Agosto, 2013

Costa Rica es uno de los países más caros de América Latina pero nadie parece preocuparse por eso. Las minorías con gran poder económico tienen atemorizada hasta a casa presidencial


Costo-calidad de vida

Cuando se habla de calidad de vida, la mejora en las condiciones actuales no debería tener un techo. Siempre que uno pueda mejorar su calidad de vida, debería procurarlo para sí y al menos las personas más próximas.
Aunque la calidad de vida abarca un conjunto de variables integradas, como las prácticas en pro de la salud o las condiciones ambientales, por ejemplo la pureza del agua y del aire de la que disfrutan las familias, muchas veces estos escenarios son consecuencia de, o son definidos por: las condiciones socio-económicas de los pueblos.
Así las cosas, uno de los principales disparadores de “atraso” o de “avance” social se gesta desde edades tempranas cuando la elección de una institución educativa claramente depende de las posibilidades económicas de los padres.
Costa Rica es uno de los países más caros de América Latina y variables como la educación y la vivienda representan dos de los ejemplos más cercanos y que resultan más vivenciales a toda la población, que dan lugar a niveles de desarrollo humano y desigualdad social más o menos favorecedores con el pasar del tiempo.
Brasil, por ejemplo, ocupa el segundo lugar en la lista de países más caros de América Latina, pero su tasa de inversión en educación es dichosamente diferenciadora respecto a países como Costa Rica.
El caso de la vivienda en nuestro país es bastante desestimulante para las clases bajas y medias. Opciones que hace escasos años costaban “$50 mil”, triplican ahora su costo y el panorama es aún más complejo en función de los requisitos de crédito más exigentes que existen actualmente respecto a un pasado no muy lejano.
Vivir en un país de alto costo, con tasas de desempleo y subempleo que se perciben innegablemente, con empresas locales y transnacionales que aprecian el talento humano del país pero que no están dispuestos a pagar salarios que pagarían en otros países de América Latina, vivir en un país con cada vez menos oportunidades para el promedio de la población, no es una situación que deba dejarse a la libre.
Mientras en Costa Rica el plenario legisla para sí mismo, en Estados Unidos el presidente Obama propone menos impuestos —de hasta diez puntos porcentuales— para empresas con buenos empleos. Los procesos para convertirse en empresarios en nuestro país, por ejemplo, tampoco facilitan para nada el camino de las clases con menor poder adquisitivo, ni el de emprendedores “puros”, ni el de micros y pequeños empresarios sin la capacidad de acceder a un crédito accesible y aterrizado a su realidad.
Costa Rica es uno de los países más caros de América Latina pero nadie parece estarse preocupando por eso. Las minorías, con gran poder económico tienen atemorizada hasta a casa presidencial “por aquello” que se atrevieran a dar un paso en su contra.
Lo cierto es que en este país se sigue sin escuchar la voz de la mayoría que clama por una mejor calidad de vida, las decisiones de política económica y de política pública de este país aún tienen mucho camino por recorrer para tratar de equilibrar costo y calidad de vida.

Alejandra Esquivel

Gerente general GEFISA

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