Alberto Cañas

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Sábado 2 Febrero, 2013

Lo que los cinco ciudadanos a quienes la Presidente Chinchilla pidió ideas hicieron fue, naturalmente y no podía ser de otra manera, elaborar un documento que contuviera las ideas de cada uno (compartidas o no por los otros)


CHISPORROTEOS


En realidad, no recuerdo haber leído ni visto ningún análisis o comentario serio sobre el documento que le entregaron a la Presidente de le República los cinco ciudadanos a quienes les pidió ideas sobre la situación del país y su posible solución.
Por allí he escuchado una extraña queja; que los cinco ciudadanos no entregaron un plan concreto y completo de reestructuración del país. Eso, amados hermanos míos, toma años, sobre todo si se busca la manera de que las ideas sean todas, de los cinco firmantes. Esto es un disparate.
Lo que los cinco distinguidos ciudadanos a quienes la Presidente Chinchilla pidió ideas hicieron fue, naturalmente y no podía ser de otra manera, elaborar un documento que contuviera las ideas de cada uno (compartidas o no por los otros), para que el Gobierno y eventualmente el país, escoja dentro de ellas las que le parezcan más apropiadas.
El documento de los cinco, hay que decirlo de una vez, es valiosísimo, pero no constituye un todo orgánico. Incluso entre las cosas que propone podría uno encontrar algunas contradicciones, pero eso no importa. Allí están las ideas de cada uno de los cinco, y no podía ni debía ser de otra manera.
Ahora bien, corresponde ahora al Poder Ejecutivo, y también, por qué no, a los 57 diputados que conforman la Asamblea Legislativa convertir algunas o todas esas ideas en proyectos de ley para que la Asamblea pueda ocuparse de ellas. No como propuso algún diputado deseoso de perder el tiempo, que se discutan las ideas de los cinco sin convertirlas en proyectos de ley.
Son 57 los diputados. No todos son vagabundos, y me parece que algunos podrían dedicar unas horas de su vida a convertir en auténticos proyectos de ley, aquellas ideas de los cinco que les parezcan prácticas, necesarias, útiles o inteligentes.
Porque tampoco es cosa de que el esfuerzo de los cinco termine en cero. Ignoro qué se propone hacer con él la presidente Chinchilla, pero supongo que será hacer que se conviertan en proyectos de ley las ideas que al Poder Ejecutivo le parezcan apropiadas, y enviarlos a la Asamblea.
Si no es así, el esfuerzo, como tantos y tantos en la Costa Rica del siglo XXI, serán trabajo perdido. Una de las características más acusadas de nuestro país actual es la cantidad de esfuerzos que se quedan perdidos en el aire.
Alberto F. Cañas