Absolutismo

Parece mentira que por dos cartas, este país caiga en crisis. Crisis de obstruccionismo y también, de innecesario protagonismo respecto de una noticia que no existe más allá de su propia dimensión.
El vicepresidente Liberman y el ministro Garnier se jalaron una torta. Así de sencillo y tan cierto. Sin embargo, en su momento oportuno dejaron ganar al orgullo y propiciaron el statu quo actual. La Presidencia apadrinó la decisión porque además le enferma el mismo mal.
Un poquito de humildad hubiera allanado el camino toda vez que la ley es clara, así no lo sea para una Presidente que la aprobó como diputada. Tampoco para un Poder Ejecutivo que sigue prometiendo una contestación al dictamen de la Procuraduría de la Etica, mientras la irreparable presencia de su silencio alimenta el morbo. Me refiero además a la Resolución Final que en nada esclarece el asunto.
Es por eso que, la arrogancia o ausencia de clarificación por parte de la Presidencia, y por extensión del vicepresidente Liberman así como del ministro Garnier ha exacerbado el tema. Es de eso que se han valido los medios de comunicación, las redes sociales y también la oposición política para hacer espectáculo de un asunto, que con solo el reconocimiento de un error —que existe— se podría haber evitado.
No se vale frente al texto de la ley, hacer de esto una discusión semántica. Carta de referencia o carta de recomendación, en los términos extendidos tanto por el señor Vicepresidente como por el señor Ministro son inaceptables, y quebrantan el artículo 52 de la Ley de Enriquecimiento Ilícito. Es mi lectura.
No se vale tampoco, de cara a un dictamen de la Procuraduría de la Etica, atacar el dictamen por no conveniente a partir de sus funciones. De ser cierto todo lo denunciado por los incautados pero ya resuelto por esa Autoridad, el momento de berrear no es a partir del dictamen para personajes públicos sino, en el acto.
La Procuraduría de la Etica hace sus primeras armas. Bajarle el piso es irresponsable a las funciones que juraron al tomar posesión de sus cargos todos los involucrados e incluye a doña Laura.
Don Leonardo y don Luis, por quienes guardo un profundo respeto no solo por su gestión sino también como personas, han equivocado el camino. Lejos del apadrine que puedan sentir hoy de Zapote, deben entender que en realidad se les han expuesto innecesariamente y necesariamente requerimos personas como ellos para llevar adelante este país.
Es por eso que lo realmente impresionante es la falta de coherencia que emana desde el Ejecutivo. Tal parece confirmar un esquema de prueba y ensayo que solo perjudica la credibilidad en el sistema y en esta administración.
Ahora, que el Ministerio Público no es protagonista sino actor secundario ha abierto proceso, será esperar la sentencia. Ahí y respecto de estas últimas consecuencias, responderán el hoy vicepresidente Liberman y el hoy ministro Garnier así como también la Procuraduría de la Etica respecto de sus conclusiones. Y doña Laura también.

Pedro Oller

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