Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 5 Abril, 2013

Con líderes como los actuales, Costa Rica en el pasado jamás hubiese tomado la determinación de eliminar el ejército, bajo el peor de todos los argumentos, “porque los demás, aún no lo han hecho”


¿Bien de unos o de todos?

Hoy sin temores podemos hablar de la desmoralización sistemática de nuestra sociedad, como resultado de una vida colectiva en la que el Estado ha sido incapaz de asimilar la velocidad de la compleja transformación moral del pueblo ante las presiones que ejercen el consumo y la ambición que empuja a la clase política a abandonar el servicio del bien común.
Por más reformas financieras, legislativas, electorales, si no se asume una urgente discusión sobre los ideales y los valores que debería perseguir esta nación, quedaremos al vaivén de las corrientes globales y desprotegidos ante la maraña de artilugios y recetas que prometen desarrollarnos sin saber para qué o hacia qué.
Es interesante la ola de cambios que vienen azotando nuestras costas políticas desde hace décadas. Muchas de ellas han resultado caras medicinas que han empobrecido el país, pero sobre todo llama la atención la desconexión existente de estas con nuestros verdaderos problemas como sociedad.
Es curioso que ese oleaje pase por alto, tal vez lo más importante, un propósito decidido de fortalecer el patrimonio del bien común. Por el contrario parecen más bien perseguir intereses sectarios y cuyo resultado final son mayores divisiones internas.
Por ello, no es sorpresa que se venda con facilidad la idea de que las cosas no andan bien en Costa Rica, en especial en lo relacionado a los ámbitos que requieren un esfuerzo colectivo para poder superar el escollo.
Este espíritu reformista, que va desde la vida política hasta los asuntos públicos como la salud, por precoz tampoco es garantía de que sea al final de cuentas para el bien de todos por igual.
La casi ausencia de debate local y por ende del discernimiento sobre los complejos acontecimientos que hoy se viven a nivel mundial, como el derecho de la vida, la bioética y la convivencia social, demuestra el escaso compromiso a una independencia de criterio que rige hoy en día.
La búsqueda de esa conciencia parece estar condicionada en estos tiempos a peligrosos veredictos técnicos, fórmulas simples o vulgares emulaciones sin mayor reflexión a lo que otros países hacen.
Es un derecho, por principio de autodeterminación y de libertad llegar a nuestras propias resoluciones, de eso depende el futuro.
Probablemente, con líderes como los actuales, Costa Rica en el pasado jamás hubiese tomado la determinación de eliminar el ejército, bajo el peor de todos los argumentos, “porque los demás, aún no lo han hecho”.
Lo preocupante del llamamiento promiscuo en la actualidad a hacer cambios por moda, sin la suficiente deliberación y discusión interna, es la laxa transparencia con que se exponen las intenciones morales que buscan en el fondo, las alteraciones que se pretenden para nuestro sistema de vida.