Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 18 Julio, 2008

La sociedad competitiva

Arturo Jofré

Hace varios años la entonces rectora de la Universidad Nacional de El Salvador hacía grandes esfuerzos por reconstruir una universidad que había sido uno de los campos de lucha y de intervenciones militares durante la guerra civil. La rectora destacaba por su visión, su pragmatismo y su capacidad para emprender un proceso que implicaba literalmente reconstruir en todo sentido a la principal casa de estudios superiores. En una de las reuniones en que abordábamos su difícil reto me dijo: ustedes tienen una gran ventaja respecto a nosotros y es que han dado importancia sostenida a la educación, nosotros en cambio necesitamos una o dos generaciones para crear una sociedad competitiva que se posicione con éxito en la nueva sociedad del conocimiento.
Construir una sociedad basada en el conocimiento es muy difícil y aunque nosotros tenemos ventajas respecto a algunos países, también tenemos enormes desafíos por delante. Quienes hemos estado inmersos por décadas en el interior del mundo de la educación, comprendemos la complejidad de esta lucha. Se necesita algo más que entusiasmo para una tarea como esta, incluso algo más que recursos económicos, ya que se puede gastar (“invertir”) mucho y lograr poco.
Lo anterior es explicable, el ingreso a la “sociedad de la información”, que no es tan complicado para un país como el nuestro, no es sinónimo de ingreso a una “sociedad del conocimiento”, ya que entre ambas hay una diferencia abismal. Voy a usar las palabras del profesor Laurence Prusak, del Babson College, Massachusetts, por la claridad de su planteamiento. La información es un mensaje que puede darse en forma de una conferencia, un libro, un artículo, una receta, un documento. La información la podemos empacar, la podemos enviar por Internet donde queramos, la podemos almacenar o podemos recurrir por ella a la última máquina de información global que es Google. Pero la amiga rectora deseaba para su país algo más: ingresar a la “sociedad del conocimiento”.
El conocimiento es el resultado de asimilar y “conectar” la información por medio de la experiencia, de la función del profesor en el aula abierta o del supervisor que hace de “mentor” en el trabajo. Dura tarea para un profesor: cómo pasar de la información a la generación de conocimiento.
El conocimiento implica el consumo de mucho tiempo, es caro desarrollarlo, retenerlo y transferirlo. El conocimiento está en las personas, es inherente a las personas, no está en las bibliotecas, ni en Internet. Por eso, dice Prusak, aprender un idioma hoy requiere casi tanto tiempo como hace 200 años.
Peter Drucker señala que el trabajo intelectual es el recurso más costoso que existe. La industria que ha emergido en las últimas décadas es la que produce y distribuye conocimientos, más que objetos. Nuestra agresiva industria de software lo sabe muy bien.

¿Qué hacer? Hay cosas que ya se están haciendo y bien. Hay otras que urge dimensionarlas y actuar. Será un tema para abordar en otra oportunidad.