¿Queremos un concordato nuevo con Vaticano?


Actualmente la administración de Laura Chinchilla está a punto de firmar un “Concordato” con el Vaticano que serviría para reconfirmar la relación especial que tiene Costa Rica con el estado religioso ubicado dentro de la ciudad de Roma. Ha logrado el gobierno realizar esta negociación sin que lleguen muchos detalles a la prensa y a la opinión pública nacional; tomando en cuenta la importancia que tendría este tratado en lo que sería el futuro social y cultural del país, el gobierno debería divulgar los detalles de este “concordato” y sus implicaciones.
Para dar una idea de cómo se representa Costa Rica en la “negociación” con el Vaticano, Monseñor Hugo Barrantes es uno de los negociadores representando al país. ¿Qué tan fuerte será el pulso entre Barrantes y sus jefes en Roma en una negociación?
Es dudoso que el Vaticano pueda estar concediendo financiamiento, ayudas programáticas, u otros dividendos, y es probable que Costa Rica esté comprometiéndose a financiar programas de educación, de permitir la presencia de sacerdotes asalariados en las cárceles, de autorizar exoneraciones en las importaciones de ciertos productos, de prohibir la fecundación en vitro y cuantas cosas más a cambio de beneficios de tipo “espirituales.” En el Concordato de 1852, el último firmado entre el país y el Vaticano, la parte “leona” fue para el segundo.
Costa Rica ha cambiado mucho en los últimos 159 años y ahora solo un 20 por ciento de la población asiste a servicios religiosos en templos católicos por lo menos tres veces al mes. Aproximadamente un 15 por ciento asiste a servicios religiosos en iglesias evangélicas. ¿Por qué dar preferencia a la Iglesia Católica con un tratado? Es probable que más de una organización evangélica diera todo tipo de beneficios libros, pupitres, ayuda en especie, programas humanitarias y en cantidades muy superiores a lo que concede la organización basada en Roma si recibiera los mismos accesos y beneficios que ahora el gobierno de Chinchilla quisiera dar al Vaticano. Y los evangélicos probablemente tomarían las mismas posiciones sobre fecundación en vitro, educación sexual, el matrimonio entre personas del mismo sexo que ahora toman los católicos.
Es hora de que Costa Rica concediera a todas las religiones un trato igual frente a la ley. Actualmente se prohíbe que los cleros católicos sirvan en puestos de elección popular. Se debe aplicar la misma restricción a los pastores evangélicos; la forma en que actúan los dos o tres de estos que sirven en la Asamblea Legislativa actual demuestra por qué no debe estar inmiscuido en la política ningún clero de ninguna iglesia. Si se sigue permitiendo a los pastores evangélicos aspirar a las diputaciones, entonces hay que dejar a los sacerdotes católicos participar también.
Quizás lo más importante es que si la administración actual firma un concordato nuevo con el Vaticano, este debería ser discutido y refrendado después de una amplia discusión en la Asamblea Legislativa.
Se debe estudiar igual como se investiga a cualquier otro acuerdo internacional. Ni los tratados de libre comercio ni el Concordato tienen relación especial con el Todopoderoso. Son acuerdos firmados entre dos estados independientes, donde conceden beneficios uno al otro. Lo que sí es probable ahora es que Costa Rica dará más al Vaticano en términos terrenales. En lo personal no creo que Costa Rica necesite este Concordato y espero que la Asamblea Legislativa lo estudie a profundidad antes de aprobarlo.

Carlos Denton
cdenton@cidgallup.com

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