Los caracoles son tontos


Los caracoles son unos moluscos gasterópodos que poseen una concha espiral. No tienen cerebro: apenas un par de ganglios cerebrales que les son útiles para desplazarse y comer; no para procesar información compleja.
Las águilas, en cambio —además de ser las mayores aves depredadoras— poseen un cerebro que —según últimos estudios— no es tan primitivo como se creía: tienen centros de procesamiento similar al de los mamíferos.
Algunas aves producen un gusano —el Leucochloridium paradoxum— que es expulsado en su excremento y luego consumido por los caracoles. Estos parásitos se ubican en el “no cerebro” de los caracoles, toman control de su mente, los “hipnotizan” obligándolos a subir por los árboles y así estar a merced de los pájaros que se los comen.
Ahora bien: las águilas no comen caracoles. Siendo tan agresivamente depredadoras se dedican a presas más grandes: desde peces y pájaros hasta monos y cerdos pequeños.
Este inesperado interés biológico nació en mí al recordar una frase célebre de nuestro Presidente cuando aún no lo era: en plena campaña de 2006, para rechazar un debate con Ottón Solís, el señor Arias afirmó: “Las águilas habitan en las cumbres y cometerían un gravísimo error si bajan al fango a pelear con los caracoles”.
Hace pocos días, en este mismo periódico, ante la pregunta “A nueve meses para que deje la Presidencia, ¿puede decir qué sacrificó al volver a gobernar?”, el Premio Nobel costarricense compartió con sus compatriotas esta reflexión: “Sacrifiqué una vida académica muy linda que me permitió viajar por las mejores universidades europeas, asiáticas y gringas dando clases, conferencias y me pagaban algún dinero. Eso me gustaba mucho porque estaba con gente inteligente todo el tiempo. Sacrifiqué eso porque Liberación iba a volver a perder, así de simple. Liberación con Rolando Araya, con Antonio Alvarez y José Miguel Corrales… Ottón les ganaba.”
¡Pobre, don Oscar! ¡Hay que considerarlo! Pongámonos en sus zapatos, imaginemos que tenemos una vida linda y la cambiamos por una fea; que nos ganábamos algún dinero y ahora no; que estábamos todo el tiempo con gente inteligente y ahora estamos rodeados de tontos. ¡No hay derecho!
Aunque algunos de los colaborador@s del señor Arias parecen ser un poco tont@s, la mayoría de los miembr@s de su gabinete son —a mi caracólico parecer— muy inteligentes. ¡Tan tonta yo! Ni ellos —funcionarios públicos de alto nivel— ni yo —simple ciudadana mortal— podemos compararnos con los brillantes académicos que rodeaban a nuestro mandatario antes de serlo.
Don Oscar aceptó ser candidato del Partido Liberación Nacional en las elecciones de 2006 para que este no perdiera nuevamente ante alguno de los candidatos que jamás le iban a ganar al “caracol” de Ottón Solís: Araya, Alvarez y Corrales.
Conciudadanos: debemos aceptar que somos simples caracoles básicos, descerebrados, incapaces de comprender la vocación de servicio de nuestras depredadoras águilas que sacrifican una vida de reconocimiento, dinero y altura intelectual por nosotros.
Aceptemos que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Por lo tanto nosotros nos merecemos a don Oscar. ¿Por qué? ¿Qué pecado cometimos? Ninguno. Somos simples caracoles hipnotizados por los gusanos que los pájaros producen, expulsan y nosotros consumimos. Estamos a merced de las águilas. Y somos tontos.

claudia@barrionuevoyasociados.com

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