 | | Juan Manuel Villasuso | | Biografía | Actual catedrático de Política Económica en la UCR y Coordinador del Nodo Centroamericano de la Red Latinoamericana de Comercio. Dirige el Programa de la Sociedad de la Información y el Conocimiento de la UCR.
Ha desempeñado diversos cargos. De 1978 a 1982 fue Director del Instituto de Investigaciones Económicas de la UCR. Ministro de Planificación (1983-86) y miembro de la Junta Directiva del Banco Central. Directivo del Instituto Costarricense de Electricidad (1982-83) e integró la Comisión de Reforma del Estado de1989 a 1990. Presidente del Colegio de Profesionales en Ciencias Económicas de Costa Rica de 1981 a 1983 y formó parte del Consejo Directivo del Centro de Estudios Democráticos de América Latina de 1981 a 2007.
Consultor de organismos internacionales, entre ellos: Banco Interamericano de Desarrollo, Comisión Económica para América Latina, Organización Panamericana de la Salud, Banco Mundial, Instituto Interamericano para la Cooperación Agrícola y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. |
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| Martes 22 de Septiembre, 2009 |
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Dialéctica
Madre Ambiente
Hace pocas semanas, el escritor brasileño Frei Betto publicó un artículo titulado Madre Ambiente, encabezado que adopto en esta columna por el significado que estas dos palabras adquieren cuando se enlazan para simbolizar el estrecho vínculo que existe entre el ser humano y la naturaleza.
Frei Betto nos dice que “la visión de interdependencia entre los seres humanos y la naturaleza se perdió con la modernidad. A lo cual ayudó una interpretación equivocada de que Dios lo creó todo y lo entregó a los seres humanos para que dominasen la Tierra. El dominio se convirtió en sinónimo de expoliación, estupro, explotación. Se buscó la manera de arrancarle al planeta el máximo de lucro. Los ríos fueron polucionados; los mares, contaminados; el aire, envenenado”.
Esta destrucción de la biodiversidad se explica, en gran medida, por los valores de nuestras sociedades y el estilo de crecimiento. El consumismo, promovido desde los mercados, y el aumento sin límites de la producción, valorado como indicador de progreso, en muchos casos arrasa con los recursos naturales y se sustenta en energías contaminante no renovables.
En tanto la ciencia, la tecnología y la innovación han permitido aumentar la productividad, mejorar la salud y ampliar el bienestar, los métodos y técnicas asociados con la producción poco han cambiado para reducir la degradación del medio ambiente y los trastornos en los ecosistemas.
Sabemos que la Tierra es un complejo sistema autorregulable y que existen fuerzas y mecanismos que tienden a equiparar y balancear los elementos: gravedad, oleaje, vientos, atmósfera, lluvias, temperatura; pero la presencia de los seres humanos es capaz de descompensar los equilibrios. Los resultados pueden ser desproporcionados y catastróficos, el cambio climático es uno de ellos.
El presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero, ha expresado que el cambio climático “es la amenaza más importante jamás conocida para la biodiversidad en la Tierra, sus recursos naturales, la agricultura y el acceso a los alimentos, la erradicación de la pobreza y la disponibilidad de agua”.
Muchas son las consecuencias negativas de las variaciones irreversibles en el clima. El deshielo, consecuencia de los gases invernaderos y el calentamiento global, entre los más relevantes. Sus repercusiones se manifiestan en fenómenos como El Niño, inundaciones y sequías, retroalimentación del ciclo de carbono en la biosfera terrestre y la dilatación térmica del mar, que contribuye a la reducción de los glaciares de Groenlandia y la Antártida.
En 1992 se aprobó la Convención sobre el Cambio Climático, con normas para estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero para que los ecosistemas pudieran adaptarse naturalmente, permitiendo el desarrollo sostenible y la producción de alimentos. Cinco años después los gobiernos acordaron medidas más enérgicas y jurídicamente vinculantes en el Protocolo de Kioto. Lamentablemente países como Estados Unidos no ratificaron ese compromiso y los avances han sido exiguos.
Este año, en diciembre, se va a negociar en Copenhague un nuevo Protocolo que sustituya al de Kioto en 2012. Las negociaciones abarcan responsabilidades cuantitativas y plazos específicos para los países desarrollados; posibles incentivos para controlar las emisiones; y acuerdos financieros para ayudar a las naciones en vías de desarrollo. Madre Ambiente debería prevalecer sobre los intereses económicos en este nuevo acuerdo.
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